Siempre he leído sobre las reinas de España anécdotas y curiosidades relacionadas con su físico, sus intimidades o su vida matrimonial, pero muchas veces se ha prestado mucha menos atención a su formación intelectual, a sus intereses culturales o a su capacidad para intervenir, aunque fuera indirectamente, en la vida de su tiempo.
Una de las reinas consortes que peor parada ha quedado en la historiografía tradicional es María Josefa Amalia de Sajonia, tercera esposa de Fernando VII. Durante mucho tiempo se la presentó como una mujer excesivamente religiosa, casi una «mojigata», alejada de la Corte y sin verdadero protagonismo. Su falta de descendencia y, sobre todo, los relatos acerca de su vida íntima contribuyeron a construir una imagen muy reduccionista de la joven reina.

Pero hubo otra María Josefa Amalia.
Una mujer culta, apasionada por la lectura y la poesía, que llegó a escribir una parte importante de su obra en castellano.
María Josefa Amalia nació en Dresde el 6 de diciembre de 1803, hija del príncipe Maximiliano de Sajonia y de Carolina de Borbón-Parma. Perdió a su madre cuando apenas tenía tres meses y recibió una educación esmerada, desarrollada en un ambiente religioso y cultural. Desde muy joven mostró interés por la literatura y comenzó a escribir poesía.
En 1819, cuando apenas tenía quince años, fue elegida para convertirse en la tercera esposa de Fernando VII, que tenía entonces treinta y cinco. El matrimonio fue ratificado en Madrid el 20 de octubre de 1819.
Y aquí comienza una faceta de su personalidad que durante mucho tiempo quedó en segundo plano.
UNA REINA QUE ESCRIBÍA

María Josefa Amalia recibió una sólida formación literaria y fue una mujer muy aficionada a la lectura. Al llegar a España no dominaba el castellano, pero aprendió rápidamente el idioma y comenzó a escribir en él.
Su producción literaria fue mucho más amplia de lo que podría hacer pensar la imagen tradicional de la joven reina recluida en su religiosidad.
La Biblioteca Nacional de España conserva manuscritos de sus poesías místicas, así como otros documentos relacionados con su actividad literaria. También se conservan borradores de cartas escritas bajo el seudónimo de Witinia, además de una novela manuscrita y su obra Vida de San Fernando en verso.
Su poesía estuvo muy marcada por la espiritualidad. Escribió composiciones dedicadas a Jesucristo, a los santos, a los ángeles de la guarda y a distintas festividades religiosas.
Entre sus títulos encontramos composiciones tan reveladoras como:
«Oda con motivo de hallarnos mi esposo y yo solos la víspera de la Inmaculada Concepción, él rezando el oficio del día y yo el parvo de la Virgen».
Pero María Josefa Amalia no escribió únicamente sobre religión.
UNA REINA QUE VIVIÓ UNA ESPAÑA CONVULSA
Su llegada al trono coincidió con uno de los períodos más turbulentos de la historia contemporánea española.
En 1820 comenzó el Trienio Liberal, después del pronunciamiento de Rafael del Riego, y Fernando VII tuvo que jurar la Constitución de 1812. María Josefa Amalia vivió aquellos acontecimientos desde el interior de la familia real y dejó constancia de sus impresiones en sus escritos. El Ministerio de Cultura señala precisamente que la reina plasmó en ellos su particular visión del paso del absolutismo al régimen liberal y constitucional.

Sus escritos reflejan una posición claramente contraria al liberalismo y una defensa de la monarquía tradicional y de la religión católica. La política aparece así entrelazada con su profunda religiosidad.
Las reformas impulsadas durante el Trienio, especialmente aquellas que afectaban a la Iglesia y a las órdenes religiosas, provocaron en ella una fuerte reacción.
La poesía se convirtió también en una forma de expresar sus sentimientos ante los acontecimientos políticos que estaba viviendo.
POESÍA, HISTORIA Y MONARQUÍA
Uno de los aspectos más sorprendentes de su producción es que se atrevió también con obras de mayor ambición histórica.
Entre ellas destaca Vida de San Fernando, Rey de Castilla y de León, en verso heroico, escrita en 1826. La obra muestra su interés por la historia, la religión y la tradición monárquica.
También escribió A los voluntarios realistas de Madrid en el acto de entregarles la bandera y estandarte, publicada en 1824, una muestra más evidente de la dimensión política que alcanzó parte de su escritura.
Por tanto, aquella joven reina a la que durante tanto tiempo se ha presentado únicamente como una mujer extremadamente religiosa y apartada de los asuntos públicos tenía, en realidad, una voz propia que dejó plasmada en numerosos escritos.

Eso no significa convertirla en una mujer liberal —no lo fue— ni en una protagonista política en el sentido moderno. Su pensamiento fue profundamente tradicionalista y absolutista. Precisamente por eso resulta tan interesante: sus escritos permiten acercarnos a la mentalidad de una mujer de la familia real que vivió desde dentro el enfrentamiento entre absolutismo y liberalismo.

UNA VIDA DEMASIADO CORTA
María Josefa Amalia no tuvo descendencia con Fernando VII. La ausencia de hijos fue una cuestión especialmente importante para la monarquía, dado el problema sucesorio que todavía estaba por resolver.
Su vida, además, fue extraordinariamente breve.
Murió en 1829, con tan solo 25 años, en el Palacio de Aranjuez. Sus restos fueron trasladados al Panteón de Infantes del Monasterio de El Escorial.
Había sido reina durante apenas diez años.
Quizá por eso su figura quedó eclipsada por otras mujeres de la familia real, especialmente por su antecesora, Isabel de Braganza, vinculada a la creación del Real Museo de Pintura y Escultura, el actual Museo del Prado.
Pero María Josefa Amalia dejó otro legado. No fue una reina pintora ni una gran mecenas artística. Fue una reina que escribió.
Y escribió sobre aquello que conocía, aquello en lo que creía y aquello que estaba viviendo: la religión, la historia, la monarquía, sus sentimientos y la convulsa España que le tocó vivir.
Su obra conservada en archivos y bibliotecas permite recuperar hoy una faceta que durante mucho tiempo permaneció escondida detrás de las anécdotas sobre su vida privada.
Una reina adolescente que llegó a España desde Sajonia, aprendió castellano y encontró en la literatura una forma de expresar su mundo interior y su visión de la sociedad de su tiempo.
¿Conocías esta faceta de María Josefa Amalia de Sajonia, la reina escritora y poeta de Fernando VII?
del historiador Jonatan Iglesias Sancho