No se entiende el Madrid moderno y cosmopolita sin Antonio Palacios Ramilo, el arquitecto al que debemos algunos de los edificios más emblemáticos que transformaron la imagen de la capital a comienzos del siglo XX.

Natural de O Porriño, Pontevedra, donde nació en 1874, era hijo de un ingeniero de ferrocarriles y pertenecía, por parte materna, a una familia vinculada a la cantería. Desde muy joven mostró una extraordinaria vocación por el dibujo, la ingeniería y la arquitectura.
Junto a Joaquín Otamendi, formó uno de los grandes tándems de la arquitectura española de comienzos del siglo XX. Juntos, y posteriormente por separado, proyectaron algunos de los edificios más singulares de Madrid: el Palacio de Comunicaciones, actual sede del Ayuntamiento; el Banco del Río de la Plata, hoy Instituto Cervantes; el Hospital de Jornaleros de Maudes o el Círculo de Bellas Artes, entre muchos otros. A Palacios debemos también buena parte de la concepción arquitectónica y decorativa de los primeros espacios del Metro de Madrid.

Pero hoy quiero detenerme en su obra lejos de Madrid y, especialmente, en Galicia, donde su arquitectura adquiere una personalidad diferente, profundamente vinculada al paisaje y al granito gallego.
Muchas de sus obras gallegas se concentran en la provincia de Pontevedra, especialmente en Vigo y O Porriño, su localidad natal: la Casa Consistorial, la Botica Nova, la Fuente del Cristo, el Teatro García Barbón, la Banca Viñas-Aranda, el Monasterio de la Visitación o el Templo Votivo del Mar de Panxón.
Y en la provincia de Ourense encontramos una de sus obras religiosas más sorprendentes: el Templo de la Veracruz, en O Carballiño.

Precisamente este verano tuve el privilegio de recorrer la Ribeira Sacra y Ourense y descubrir en O Carballiño esta extraordinaria obra de Palacios, que comenzó a proyectarse en 1942 y que quedó terminada después de su muerte.
El encargo partió del párroco Luciano Evaristo Vaamonde y de una comisión de vecinos, que consideraban insuficiente la antigua iglesia parroquial de San Cibrán para atender a la población. Palacios aceptó realizar el proyecto y las obras comenzaron en 1943. La primera piedra se colocó el 26 de junio de aquel año, bajo la dirección del maestro cantero carballiñés Adolfo Otero Landeiro.

Pero Palacios no llegaría a contemplar terminada su obra. El 27 de octubre de 1945 fallecía en Madrid, dejando atrás un proyecto que otros profesionales y artesanos continuarían interpretando y ejecutando durante más de una década.
El templo se abrió oficialmente al culto el 17 de septiembre de 1952, aunque todavía quedaban importantes elementos por concluir. La construcción de la torre comenzó en 1949, se interrumpió y se reanudó posteriormente, hasta finalizar en 1957. A finales de esa década se incorporó también el gran arco parabólico con los Doce Apóstoles, obra del maestro cantero Xesús González.
La Veracruz es una construcción difícil de clasificar. En ella se mezclan referencias al románico, el gótico, los pazos y monasterios gallegos, las catedrales y los castillos, junto con elementos expresionistas y ecos de la arquitectura centroeuropea que tanto interesó a Palacios. El propio Concello de O Carballiño destaca precisamente esa amalgama de formas y su fuerte carácter simbólico.

Construida fundamentalmente con granito y pizarra de la comarca, su aspecto exterior resulta imponente. La gran torre domina el conjunto y el trabajo de la piedra consigue una sorprendente sensación de ligereza y movimiento.

En el interior, la compleja organización espacial gira en torno a la rotonda del crucero, cubierta por un amplio cimborrio y rodeada por una girola. Uno de los elementos más llamativos es el gran arco parabólico en el que aparecen representados los Doce Apóstoles.

Todo en la Veracruz parece responder a un lenguaje propio: piedra, simbolismo, tradición gallega y una imaginación arquitectónica desbordante.
Y quizá ahí reside su mayor atractivo. Palacios, el gran arquitecto que transformó el Madrid de comienzos del siglo XX, también quiso mirar hacia sus raíces gallegas y convertir el granito de su tierra en arquitectura.
Un 27 de octubre de 1945 moría Antonio Palacios. Pero en O Carballiño, su arquitectura siguió creciendo durante años después de su muerte.