CURIOSIDADES DE MADRID
El 22 de septiembre de 1984 se produjo un acontecimiento que hoy puede parecer anecdótico, pero que marcó un antes y un después en la historia ambiental de Madrid: la liberación de miles de peces y 25 patos en el río Manzanares.

Fue un acto cargado de simbolismo. Representaba la culminación de una primera gran etapa del Plan de Saneamiento Integral de Madrid, que había conseguido transformar un cauce que durante décadas había funcionado prácticamente como una cloaca abierta, de aguas sucias y malolientes, en un río capaz de volver a albergar vida.
Aquel día se soltaron cerca de 2.000 ejemplares de diferentes especies, entre ellas carpas, barbos, gambusias y tencas. También se liberaron 25 patos, desde jaulas instaladas en las orillas.

Era el primer gran paso hacia la recuperación ecológica del Manzanares a su paso por la ciudad. El proceso continuaría en los años siguientes y, en 1990, se llegó incluso a autorizar temporalmente la pesca deportiva en determinados tramos del río.
Pero la historia no terminó ahí.
EL MANZANARES VUELVE A CORRER
Hubo que esperar hasta 2016 para asistir a otra transformación decisiva: el proceso de renaturalización del río Manzanares. La propuesta, impulsada por Ecologistas en Acción y asumida posteriormente por el Ayuntamiento de Madrid, planteaba recuperar la condición de río de un cauce que durante décadas había permanecido prácticamente convertido en una sucesión de aguas embalsadas.
La intervención partió de una decisión aparentemente sencilla, pero de enorme trascendencia: abrir las compuertas de las nueve presas que, desde mediados del siglo XX, habían mantenido el agua embalsada.

De repente, el Manzanares dejó de parecer una sucesión de piscinas de aguas quietas y volvió a recuperar algo esencial: su dinámica natural de río. La corriente comenzó a circular libremente y el propio río empezó a modificar su cauce.

Entre 2017 y 2019 aparecieron de manera espontánea barras de arena e islas fluviales, mientras la vegetación de ribera comenzaba a colonizar los márgenes y hasta los espacios de hormigón. La naturaleza recuperaba terreno a una velocidad que sorprendió incluso a los especialistas.

LA PRUEBA DE FUEGO
La verdadera prueba llegó en 2025, cuando una crecida extraordinaria multiplicó por quince el caudal habitual del Manzanares. Las nuevas islas fluviales y la vegetación de ribera contribuyeron a disipar la fuerza de la corriente y demostraron la resiliencia del ecosistema recuperado frente a episodios extremos, cada vez más importantes en un contexto de cambio climático.

Hoy el Manzanares es mucho más que aquel río contaminado que Madrid llegó a considerar casi una cloaca. Tras la recuperación de su dinámica fluvial, se ha ido consolidando un nuevo hábitat para numerosas especies de flora y fauna, convirtiendo el tramo urbano en un espacio rebosante de vida.
Y quizá lo más sorprendente de esta historia sea precisamente eso: que para que el Manzanares volviera a ser un río, Madrid tuvo que dejarle espacio para que la naturaleza hiciera su trabajo.
Una historia de recuperación que nos recuerda que, a veces, renaturalizar una ciudad consiste simplemente en dejar que un río vuelva a comportarse como un río.
