El reloj de la Puerta del Sol es, probablemente, el reloj más famoso de España. Un auténtico símbolo de Madrid que, cada 31 de diciembre, se convierte en protagonista de las doce campanadas que marcan la llegada del Año Nuevo.Se encuentra en la torre de la Real Casa de Correos, edificio construido entre 1760 y 1768 y que hoy es sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid.

La torre del reloj se incorporó en el siglo XIX y su maquinaria fue un regalo del célebre relojero José Rodríguez Losada.El reloj fue inaugurado el 19 de noviembre de 1866 por la reina Isabel II, y desde entonces se ha convertido en uno de los grandes iconos de la ciudad.

Pero hay un detalle que quizá haya pasado desapercibido para muchos madrileños y visitantes.
¿Por qué el 4 aparece como IIII y no como IV?
Si miramos atentamente la esfera, descubriremos que el número cuatro está representado por IIII, en lugar del habitual IV.
Y no es un error.
La utilización de IIII en los relojes es una antigua tradición de la relojería y existen varias teorías para explicarla.
Una de las más aceptadas se relaciona con la estética y la simetría. Al utilizar cuatro caracteres en el 4, se consigue un mayor equilibrio visual con el VIII, situado en la zona opuesta de la esfera. Además, los doce números quedan organizados en tres grupos de cuatro: I-II-III-IIII / V-VI-VII-VIII / IX-X-XI-XII.

También existe una explicación práctica relacionada con la fabricación de los números. Con IIII se necesitan, para toda la esfera, 20 letras I, 4 V y 4 X. Esto permitía utilizar un mismo molde varias veces y simplificar la fabricación de los caracteres metálicos.
Y hay una explicación mucho más legendaria: se ha contado que el rey Carlos V de Francia, en el siglo XIV, reprendió a un relojero por utilizar IV y ordenó que se escribiera IIII, con la famosa respuesta atribuida al monarca: “El rey nunca se equivoca”. La misma historia se ha relacionado posteriormente con otros monarcas, pero se considera una leyenda y no una explicación histórica demostrada.
Otra teoría relaciona el IIII con la tradición romana y con el nombre latino de Júpiter, IVPPITER, aunque tampoco existe consenso histórico que permita afirmar que esta fuera la razón por la que los relojes adoptaron el IIII.
Así que la próxima vez que pasemos por la Puerta del Sol, además de mirar el reloj para saber la hora, fijémonos en ese pequeño detalle.
El cuatro no está mal escrito. Está escrito como IIII porque la relojería conserva, en sus esferas, una tradición mucho más antigua de lo que imaginamos.
Y ahora que lo sabes… ¿serás capaz de volver a mirar este reloj sin fijarte en sus cuatro “palitos”?