En el corazón de Madrid, entre las callejuelas que respiran historia, se encuentra una placa que rinde homenaje a una figura notable pero a menudo olvidada: Blanca de Igual, la vizcondesa de Llanteno. Nacida el 8 de noviembre de 1880, Blanca fue mucho más que una noble de su época; fue una pionera en la política y la beneficencia en la bulliciosa capital española del siglo XIX.

En la segunda mitad del siglo XIX, Madrid experimentaba un rápido crecimiento poblacional, con cerca de 300,000 habitantes que pronto se convertirían en casi 400,000. El distrito de Chamberí, al norte de la ciudad, emergió como un refugio residencial para muchos, aunque con problemas de hacinamiento y falta de servicios básicos. Fue en este contexto que surgieron iniciativas como las Casas de Socorro en 1858, destinadas a brindar asistencia a los más necesitados.

Blanca de Igual, nacida en la Carrera de San Jerónimo, recibió una educación sólida en las Religiosas de Loreto, donde se destacó en materias como Historia, Matemáticas y Bellas Artes. Después de casarse con Eduardo Murga y Goicoechea, Vizconde de Llanteno, Blanca asumió un papel activo en la sociedad, recibiendo en su hogar a figuras prominentes de la política como Primo de Rivera y José Calvo Sotelo.
Tras enviudar en 1923, Blanca de Igual fue promovida por el I duque de Primo de Rivera como concejala de Madrid, junto con otras dos mujeres, María de Echarri y Elisa Calonge. Este hecho histórico fue ampliamente comentado en la prensa de la época, que destacó la singularidad de tener mujeres en cargos municipales. Aunque recibió algunas críticas por su enfoque conservador sobre el papel de la mujer en la sociedad, Blanca de Igual demostró su valía como líder y defensora de causas benéficas.
Como presidenta de la Casa de Socorro de Chamberí, Blanca se comprometió a mejorar las condiciones de vida de los más desfavorecidos, contribuyendo así al bienestar de la comunidad. Además de su labor política, Blanca participó en importantes eventos públicos, como la inauguración de la Línea 2 del Metro de Madrid y la apertura del Cementerio de Nuestra Señora de la Almudena.

El legado de Blanca de Igual perdura en la memoria colectiva de Madrid. Instauró el «día del libro» y promovió ordenanzas que impactaron en la vida cotidiana de la ciudad, como la regulación del tráfico vehicular. Aunque falleció en Málaga en 1950, su espíritu visionario y su dedicación al servicio público continúan inspirando a generaciones posteriores.
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