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EL PERIPLO ASOMBROSO DE LOS RESTOS DE CALDERÓN DE LA BARCA

Un 13 de octubre de 1874, el Ayuntamiento de Madrid permitió el paso de una singular comitiva por el Viaducto de Segovia, que salvaba la famosa Cuesta de los Ciegos y que todavía no estaba oficialmente terminado. Aquel recorrido se convertiría en el primer uso del viaducto.

La comitiva transportaba los restos de Pedro Calderón de la Barca, uno de los grandes dramaturgos del Siglo de Oro, desde la Basílica de San Francisco el Grande hasta la Sacramental de San Nicolás.

Este episodio nos permite recordar el curioso y accidentado viaje de los restos del escritor, cuyo recorrido funerario puede resumirse en seis enterramientos y numerosos traslados. Hoy, sin embargo, el paradero exacto de sus restos continúa siendo un misterio.

UN VIAJE DE MÁS DE DOS SIGLOS

Calderón de la Barca murió el 25 de mayo de 1681. En su testamento había dejado expresada su voluntad de ser enterrado en la capilla de San José de la iglesia de San Salvador, situada en la calle Mayor, frente a la Plaza de la Villa.

Allí permanecieron sus restos durante 159 años.

Pero en 1840, el estado ruinoso del templo y los nuevos proyectos urbanísticos de Madrid provocaron su demolición. Los restos del dramaturgo fueron entonces exhumados y trasladados a la Sacramental de San Nicolás, un cementerio que ya no existe y que se encontraba en la zona comprendida, aproximadamente, entre las actuales calles de Méndez Álvaro, Áncora, Bustamante y Vara de Rey. El cementerio sería finalmente demolido en 1912.

Tras la Revolución de 1868, que provocó el destronamiento de Isabel II, el Gobierno decidió impulsar la creación de un Panteón de Hombres Ilustres. Entre las personalidades cuyos restos se quiso reunir se encontraba Calderón de la Barca.En 1869, sus restos fueron exhumados de la Sacramental de San Nicolás y trasladados, con honores, a la Basílica de San Francisco el Grande, junto con los de otras figuras ilustres de la historia de España.

Sin embargo, el proyecto del Panteón fracasó por razones políticas y se decidió devolver los restos a sus lugares de procedencia.Y es entonces cuando se produce aquella curiosa imagen: el 13 de octubre de 1874, los restos de Calderón de la Barca atraviesan el recién construido Viaducto de Segovia, camino nuevamente de la Sacramental de San Nicolás.

DE NUEVO, OTRO TRASLADO

La historia, sin embargo, no había terminado.

En 1880, la Real Congregación de San Pedro Apóstol de Presbíteros Naturales de Madrid, a la que había pertenecido Calderón y que era su heredera universal, reclamó la custodia de sus restos. Una vez más fueron exhumados y trasladados a la sede de la Congregación, situada en la zona comprendida entre las calles de Atocha y Lavapiés. Allí permanecieron custodiados durante más de dos décadas.El último destino oficial conocido se produjo en 1902, cuando la Real Congregación decidió trasladar los restos a la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, en la calle de San Bernardo.

Fueron depositados en una lujosa arqueta de caoba y cristal, en una ceremonia a la que asistió buena parte de la alta sociedad madrileña.

EL MISTERIO DE 1936

Pero llegó la Guerra Civil.

El 20 de julio de 1936, la iglesia fue asaltada e incendiada. La arqueta funeraria que contenía los restos de Calderón desapareció y durante años se pensó que el cuerpo del dramaturgo había quedado reducido a cenizas.

Décadas después, se conoció el testimonio de un sacerdote de la parroquia que, a punto de morir, aseguró que los restos no se encontraban en la tumba oficial.

Según su relato, ante el peligro que suponía el estallido de la guerra, los religiosos habrían escondido la arqueta en algún lugar de los propios muros de la iglesia.

El misterio volvió a despertar el interés de investigadores y arqueólogos.

Un equipo de científicos y arqueólogos de la Universidad CEU San Pablo inició una investigación utilizando tecnología de georradar, con el objetivo de localizar posibles restos en las paredes y en el subsuelo del templo.

Tras varios años de estudios, las investigaciones concluyeron que los restos no se encontraban en los muros de la parroquia. Su paradero continúa siendo desconocido y existe la posibilidad de que se perdieran definitivamente durante el saqueo y el incendio de 1936.

UN ÚLTIMO VESTIGIO

Y, sin embargo, algo de Calderón parece haber sobrevivido a este increíble periplo. Un hueso de una mano del escritor que se conserva en el Museo de las Artes Escénicas del Instituto del Teatro. Se trata de un metacarpo de la mano derecha de Calderón que fue donado al museo en 1923, según consta en el libro de ingresos. El hueso se conserva protegido en un viejo marco de madera con un retrato del dramaturgo y un pequeño certificado. Este da cuenta de que el 5 de julio de 1840 “los señores Marraci, Pérez y Zamacola” exhumaron los restos del autor en la citada iglesia madrileña. De la urna funeraria extrajeron dos huesos de la mano derecha, que entregaron “como recuerdo” a unos tales Romea y Rojas.

Así termina, por ahora, la historia de los restos de Calderón de la Barca: un cuerpo que recorrió iglesias, cementerios y las calles de Madrid durante más de dos siglos y que terminó desapareciendo entre la historia y el misterio.

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