Efemérides/Rutas Callejeras

Explorando la Historia del Hipódromo de la Castellana en Madrid (1878-1933)

El antiguo Hipódromo de la Castellana de Madrid, un emblemático centro de encuentro social y deportivo, vio la luz el 31 de enero de 1878, coincidiendo con la celebración de la boda real entre el Rey Alfonso XII y doña María de las Mercedes de Orleans y Borbón. Situado en el área actualmente ocupada por los Nuevos Ministerios, este recinto se convirtió en un símbolo de la alta sociedad madrileña durante décadas.

El diseño del hipódromo, a cargo del ingeniero Francisco Boguerín, contaba con dos tribunas para los espectadores más distinguidos, frente a una amplia explanada destinada al público en general. Su óvalo central, con una cuerda de 1.400 metros, era el escenario perfecto para emocionantes competiciones hípicas y eventos sociales de prestigio.

Durante su apogeo, el Hipódromo de la Castellana fue mucho más que un lugar para carreras de caballos. Era el punto de encuentro de la alta burguesía, la aristocracia y la élite social madrileña. Aquí, en medio de un exquisito césped y un ambiente elegante, se tejían relaciones, se establecían alianzas y se disfrutaba de la vida social. Desde gimkanas organizadas por el duque de Alba hasta partidos de polo al más puro estilo británico, el hipódromo era el epicentro de la vida social de la época.

A lo largo de los años, el recinto también albergó eventos deportivos y espectáculos populares, como competiciones de fútbol y exhibiciones aéreas que mantenían cautiva a la audiencia. Sin embargo, su destino estaba marcado por los cambios urbanísticos que transformaban la ciudad. En 1933, el Hipódromo de la Castellana cerró sus puertas para dar paso a la expansión del Ensanche por el norte de la Castellana, siendo derribado para dejar espacio a nuevos desarrollos urbanos.

Aunque su legado físico desapareció, la historia del Hipódromo de la Castellana perdura en la memoria colectiva de Madrid como un símbolo de una época de esplendor y distinción social.

 

 

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