El 11 de octubre de 1977 marcó un hito en la historia española con la llegada a Madrid de Victoria Kent, figura emblemática de la II República y pionera en el ámbito jurídico y político español. Después de 38 años de exilio en diversos países como Inglaterra, México y Estados Unidos, Kent, a sus 79 años, regresaba al país que tanto había marcado su carrera y su vida.
Victoria Kent fue una mujer adelantada a su tiempo, reconocida por su valentía y su lucha por la justicia social. Desde temprana edad, rompió barreras al convertirse en la primera abogada española colegiada a los 25 años. Su labor en defensa de los derechos humanos la llevó a ser la primera mujer abogada en actuar ante un tribunal militar, donde obtuvo una histórica victoria. Además, fue la primera mujer en ocupar un cargo político, desempeñándose como Directora de Prisiones durante la II República.
Aunque su legado es innegable, también se recuerdan sus controversias, como su posición en contra del sufragio femenino en las elecciones de 1931, a pesar de su compromiso con el feminismo. Esta postura, que contrastaba con la de su rival política Clara Campoamor, generó debate en la sociedad española de la época.

Durante la Guerra Civil Española, Kent se refugió en la Sierra de Madrid, donde colaboró en el abastecimiento de los combatientes republicanos. Tras la contienda, se exilió en París, donde ejerció como Primera Secretaria de la Embajada y más tarde en México, impartiendo clases de Derecho Penal.
Su vida en el exilio estuvo marcada por la persecución y la lucha por la libertad. Acosada por la Gestapo, escribió su único libro, «Cuatro años en París», donde plasmó sus experiencias y reflexiones. En Nueva York, conoció a Louise Crane, quien no solo fue su compañera sentimental, sino también su colaboradora en la fundación de la revista «Iberia por la Libertad». Esta publicación, en español e inglés, se convirtió en un importante medio de información para la comunidad exiliada.
Al regresar a España en 1977, Kent expresó su apoyo a una amnistía total y su crítica hacia las limitaciones en la libertad de opinión y asociación en el país. Su compromiso con la democracia y la justicia la llevó a permanecer firme en su posición de no regresar a España hasta que se garantizara una verdadera libertad para todos.
El legado de Victoria Kent perdura como un símbolo de valentía, compromiso y lucha por la justicia en la historia española. Aunque falleció en Nueva York a los 90 años, su espíritu sigue vivo en la memoria de aquellos que continúan luchando por un mundo más justo y libre.