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UN EDIFICIO PARA LA MEMORIA HISTÓRICA. LA CÁRCEL DE YESERÍAS, HOY CENTRO DE INSERCIÓN SOCIAL VICTORIA KENT

Paseando por la calle Juan de Vera, en la esquina con la calle Juana Doña, en el madrileño barrio de Arganzuela, nos encontramos con unos altos muros de ladrillo que guardan casi un siglo de historia.

Hoy, tras ellos, se encuentra el Centro de Inserción Social Victoria Kent, pero durante décadas este recinto fue conocido como la cárcel de Yeserías, uno de los espacios penitenciarios más significativos de la historia reciente de Madrid.

Su origen se encuentra en los años veinte del siglo XX. El conjunto fue construido entre 1928 y 1934, según un proyecto relacionado con el arquitecto municipal Leopoldo José Ulled Espadero, y nació con una función muy diferente: servir como asilo de mendigos e indigentes. El edificio sustituyó al antiguo Asilo de San Luis y Santa Cristina y se levantó en una zona de carácter industrial vinculada históricamente a la fabricación de yeso, de donde procedería el nombre con el que acabaría siendo conocido.

Su arquitectura llama especialmente la atención. En una época en la que comenzaban a imponerse las corrientes racionalistas, se optó por una estética neomudéjar, con fachadas de ladrillo, cubiertas de teja curva y una organización funcional del espacio. El recinto se estructura mediante varios pabellones dispuestos ortogonalmente, formando patios y largos corredores. Los edificios, de dos alturas, están conectados entre sí y crean una arquitectura sobria, práctica y muy característica de la arquitectura institucional madrileña de aquellos años.

Pero la historia del edificio cambiaría radicalmente con la Guerra Civil.

Tras la contienda, el antiguo asilo pasó a utilizarse como prisión masculina, especialmente vinculada a la represión de los vencidos y al encarcelamiento de presos políticos. En 1941 pasó a denominarse oficialmente Prisión Central de Yeserías y, en 1943, se instaló en el recinto un hospital penitenciario.

Años después, con el cierre y demolición de la cárcel de Ventas, Yeserías comenzó a utilizarse como prisión de mujeres. Durante el franquismo y los primeros años de la Transición, por sus celdas pasaron numerosas mujeres condenadas por motivos políticos y también por delitos relacionados con la moral y las normas sociales de la época.

Entre las mujeres vinculadas a la prisión se encuentran figuras como Juana Doña, militante antifranquista y escritora, cuya vida estuvo estrechamente relacionada con este lugar. La calle que hoy lleva su nombre se encuentra precisamente junto a la antigua cárcel. El Ayuntamiento recuerda que Juana Doña estuvo recluida durante años y que su marido, Eugenio Mesón, permaneció preso en Yeserías hasta su fusilamiento en 1941.

También estuvieron vinculadas a la prisión mujeres como Lidia Falcón, Eva Forest, Pilar Brabo o Mari Paz Ballesteros, entre muchas otras.

La cárcel vivió durante la Transición y los años ochenta una etapa de fuerte hacinamiento. Finalmente, en 1991, cerró como centro penitenciario. Las internas fueron trasladadas a otros establecimientos y el edificio inició una nueva etapa.

Desde entonces, el antiguo recinto penitenciario funciona como Centro de Inserción Social Victoria Kent, destinado al cumplimiento de penas en régimen abierto y a otras situaciones relacionadas con el medio abierto penitenciario. El Ministerio del Interior mantiene actualmente el centro y su Unidad de Madres, destinada a mujeres que cumplen condena en régimen abierto.

Aquí los muros ya no representan exactamente lo que fueron. Muchos internos cumplen la última fase de su condena en tercer grado, un régimen que permite compatibilizar el cumplimiento de la pena con la vida laboral, familiar y social en el exterior.

El edificio conserva, sin embargo, numerosas huellas de su pasado: antiguos pabellones, patios, espacios de convivencia y dependencias que permiten imaginar la vida cotidiana de quienes estuvieron privados de libertad. Uno de los elementos más significativos es precisamente la memoria que permanece en sus archivos. Entre los documentos conservados se encuentran expedientes y sentencias que permiten acercarse a la historia penitenciaria de la dictadura y conocer la realidad de quienes pasaron por estas cárceles.

Y es aquí donde Yeserías adquiere una dimensión que va más allá de la arquitectura.

En 2017, el Comisionado de la Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid incluyó la antigua cárcel de Yeserías entre los lugares de memoria propuestos para la ciudad y planteó la colocación de una placa que explicara su significado histórico. En los últimos años, asociaciones memorialistas han reclamado además que el actual CIS Victoria Kent sea reconocido como Lugar de Memoria Democrática, precisamente para conservar y hacer visible la historia de la represión y de las mujeres que estuvieron encarceladas allí. Esta reivindicación volvió a hacerse pública en 2026.

Pero Yeserías también forma parte de la memoria cultural y cinematográfica de Madrid.

Sus muros y dependencias han servido como escenario de películas como Tacones lejanos, de Pedro Almodóvar; Entre rojas, de Azucena Rodríguez, y La buena estrella, de Ricardo Franco. En el caso de Entre rojas, la elección del lugar tenía además una especial carga simbólica: su directora, Azucena Rodríguez, había estado presa allí en 1974 por motivos políticos.

La antigua cárcel apareció también en televisión, entre otros espacios, en el programa Vivir cada día, que dedicó un reportaje a la vida cotidiana de las presas, y en la serie Cuéntame cómo pasó.

Hoy, al pasar por la calle Juan de Vera, apenas podemos imaginar todo lo que ocurrió detrás de aquellos muros de ladrillo.

Yeserías fue asilo, prisión, hospital penitenciario, cárcel de mujeres y, desde 1991, centro de inserción social.

Un edificio que ha cambiado de función, pero que conserva entre sus muros una parte fundamental de la historia social, penitenciaria y política del Madrid del siglo XX.

Porque también las ciudades tienen lugares que necesitan ser recordados.

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