Apenas un mes antes de cumplir los 89 años, nos deja David Hockney, uno de los artistas más influyentes, innovadores y admirados de los siglos XX y XXI. El pintor británico falleció pacíficamente en su domicilio de Londres el 11 de junio de 2026, dejando tras de sí una obra inmensa marcada por la libertad creativa, la experimentación constante y una inagotable pasión por la vida.
Nacido en Bradford en 1937, en el seno de una familia trabajadora, mostró desde muy joven una firme vocación artística. Estudió en la Escuela de Arte de Bradford y posteriormente en el Royal College of Art de Londres, donde ya destacó por su talento, su independencia y su rechazo a los convencionalismos académicos

Abiertamente homosexual en una época en la que la homosexualidad seguía siendo perseguida y estigmatizada en el Reino Unido, convirtió su propia experiencia vital en materia artística. Sus obras celebraron el deseo, la intimidad y la libertad individual cuando todavía eran temas incómodos para buena parte de la sociedad.
Durante los años sesenta conoció a Andy Warhol y se convirtió en una de las figuras destacadas del arte pop británico. Sin embargo, mientras muchos artistas miraban hacia Nueva York, Hockney quedó fascinado por la luz y el estilo de vida de California. Los paisajes soleados de Los Ángeles, las piscinas, las arquitecturas modernas y los cuerpos bañados por el sol se transformaron en algunos de los iconos más reconocibles del arte contemporáneo.

Obras como A Bigger Splash o Portrait of an Artist (Pool with Two Figures) definieron una nueva manera de representar la modernidad y terminaron convirtiéndose en imágenes universales de la segunda mitad del siglo XX.
Pero Hockney nunca fue un artista acomodado en el éxito. Fue pintor, dibujante, grabador, fotógrafo, escenógrafo y diseñador teatral. Experimentó con los fotocollages realizados mediante Polaroid, investigó las posibilidades de la perspectiva y, ya en el siglo XXI, abrazó las nuevas tecnologías utilizando el iPad como herramienta artística. Para él, cualquier medio era válido si servía para aprender a mirar mejor el mundo.
Su curiosidad parecía inagotable.

En sus últimos años regresó a los paisajes de Yorkshire y posteriormente a Normandía. Allí desarrolló algunas de las obras más luminosas de su madurez artística. Durante la pandemia sorprendió al mundo con sus paisajes realizados en iPad, reunidos en torno a La llegada de la primavera. Normandía, una celebración de la naturaleza y de la esperanza en medio de aquellos meses difíciles. Fue entonces cuando pronunció una de sus frases más recordadas:
«Podrán detener muchas cosas, pero no podrán cancelar la primavera».
Sus obras forman parte de algunas de las instituciones más importantes del mundo, como la Tate Britain, el Museum of Modern Art, el Centre Pompidou, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza o el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Fumador empedernido, provocador, brillante, vitalista y profundamente independiente, David Hockney nunca dejó de crear. Decía que pintar le hacía sentirse más joven, algo que recuerda inevitablemente a otro gigante del arte, Pablo Picasso.
Con su desaparición se marcha uno de los grandes nombres del arte contemporáneo. Pero permanece intacto su legado: una obra llena de color, de luz, de libertad y de alegría de vivir. Quizá por eso sus cuadros siguen transmitiendo la energía de alguien que jamás dejó de contemplar el mundo con ojos curiosos.