26 de mayo de 1986
Estamos en plena Milla del Arte madrileña, un eje cultural tan importante que incluso la antigua estación de metro de Atocha pasó a denominarse Estación del Arte. A su alrededor conviven algunas de las grandes instituciones culturales de Madrid: el Museo del Prado, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, además de CaixaForum Madrid o Espacio Cultural Serrería Belga. Un territorio donde el arte forma parte del paisaje cotidiano de la ciudad

Fue precisamente aquí donde, el 26 de mayo de 1986, abrió sus puertas el primer gran museo español dedicado al arte moderno y contemporáneo. Nacía así una institución destinada a reunir algunas de las figuras fundamentales del arte del siglo XX: Pablo Picasso, Salvador Dalí, Joan Miró, Juan Gris, Antoni Tàpies, Eduardo Chillida, Jorge Oteiza, Antonio Saura, Manolo Millares, Maruja Mallo o Ángeles Santos. Junto a ellos, el museo incorporó también grandes nombres internacionales como Louise Bourgeois, Francis Bacon, Lucio Fontana, Richard Serra, Yves Klein o Michelangelo Pistoletto.
Pero antes de convertirse en museo, el edificio tuvo otra vida muy distinta

El Reina Sofía ocupa el antiguo Hospital General de San Carlos, cuya primera fundación se remonta al reinado de Felipe II, cuando el monarca decidió centralizar los hospitales dispersos por la Corte. Ya en el siglo XVIII, el crecimiento de Madrid hizo necesario levantar un nuevo gran hospital, impulsado por Carlos III. El proyecto fue encargado a los arquitectos José de Hermosilla y Francisco Sabatini, aunque sería este último quien desarrollaría gran parte de la obra.
La muerte de Carlos III en 1788 paralizó parcialmente el ambicioso proyecto, del que solo llegó a construirse aproximadamente un tercio. Aun así, el edificio comenzó a funcionar como hospital y continuó transformándose a lo largo de los siglos mediante ampliaciones, reformas y adaptaciones. Como un organismo vivo, fue cambiando junto a la propia ciudad.

En 1965 el hospital cerró definitivamente. Durante años incluso se planteó su demolición, pero en 1977 fue declarado Monumento Histórico-Artístico, lo que permitió salvar uno de los edificios más importantes del Madrid ilustrado. En 1980 comenzaron las obras de restauración y rehabilitación, hasta que finalmente, el 26 de mayo de 1986, abrió sus puertas como centro de exposiciones temporales.
A finales de los años ochenta llegaron nuevas intervenciones arquitectónicas que terminarían definiendo su imagen actual. Destacan especialmente las tres torres de ascensores de vidrio y acero diseñadas por el arquitecto británico Ian Ritchie, convertidas hoy en uno de los grandes iconos visuales del museo.

En 1992 se inauguró oficialmente la colección permanente y quedó constituido el museo tal y como hoy lo conocemos.

Pero el Reina Sofía siguió creciendo. Entre 2001 y 2005 se acometió la gran ampliación diseñada por el arquitecto francés Jean Nouvel, que incorporó nuevos espacios expositivos, biblioteca, auditorios y amplias plazas cubiertas bajo su característica cubierta roja.

En los últimos años el museo ha continuado renovándose. Desde abril de 2025, el antiguo auditorio del edificio Nouvel funciona como nuevo cine del museo, con capacidad para 133 espectadores. Además, desde febrero de 2025, una nueva sala ubicada en las terrazas del edificio alberga esculturas geométricas de los años sesenta y setenta.

El Reina Sofía extiende además su actividad fuera de su sede principal gracias a dos espacios excepcionales situados en el Parque del Retiro: el Palacio de Velázquez y el Palacio de Cristal, concebidos para exposiciones temporales e instalaciones específicas.
La creación del museo fue impulsada por el entonces ministro de Cultura Javier Solana, con un papel fundamental de la historiadora y gestora cultural Carmen Giménez. Su primer director fue Tomàs Llorens, al que seguirían María Corral, José Guirao, Juan Manuel Bonet, Ana Martínez de Aguilar, Manuel Borja-Villel y, desde 2023, Manuel Segade.
La primera gran exposición celebrada en 1986 reunió a tres figuras esenciales del arte español contemporáneo —Chillida, Saura y Tàpies— junto a artistas internacionales como Georg Baselitz, Cy Twombly y Richard Serra. El objetivo era claro: situar el arte español en diálogo directo con las grandes corrientes internacionales del momento.
La muestra fue un éxito absoluto y marcó el inicio de una nueva etapa para el arte contemporáneo en España. Desde entonces, el Reina Sofía no solo custodia obras fundamentales como el Guernica de Picasso, sino que se ha convertido en uno de los grandes centros culturales europeos, un espacio donde conviven memoria, arquitectura y creación contemporánea.