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AURELIA MUÑOZ. ENTES

Museo Reina Sofía · 29 de abril – 7 de septiembre de 2026

En la sede del Museo Reina Sofía, CallejeArteMadrid invita a descubrir una de las exposiciones más fascinantes y singulares de la temporada: Entes, la gran retrospectiva dedicada a la artista catalana Aurelia Muñoz. La muestra, de una amplitud inédita, recorre más de cinco décadas de creación y permite redescubrir a una autora fundamental del arte español del siglo XX, todavía insuficientemente conocida por el gran público.

La exposición revela una obra difícil de clasificar, situada en un territorio fronterizo entre la escultura, el textil, el dibujo, el papel y la arquitectura. Aurelia Muñoz nunca entendió el hilo o el tejido como artes menores. Al contrario, convirtió materiales tradicionalmente vinculados al ámbito doméstico en estructuras monumentales, poéticas y profundamente contemporáneas.

Sus obras parecen surgir de un universo propio. Pájaros suspendidos, velámenes, libros flotantes, estructuras aéreas y formas orgánicas habitan una cosmología artística donde conviven memoria ancestral, geometría, naturaleza y pensamiento simbólico. Todo en ella transmite una sensación de ligereza y misterio, como si sus piezas respiraran o estuvieran a punto de emprender vuelo.

La muestra reúne esculturas textiles de macramé, dibujos, collages, ensamblajes, tapices, acuarelas, bordados pictóricos, esculturas de papel hecho a mano y abundante material documental que permite comprender la extraordinaria coherencia de su trayectoria. Vinculada a movimientos como La Nouvelle Tapisserie y la Escuela Catalana del Tapiz, Muñoz desarrolló desde los años sesenta un lenguaje absolutamente personal, donde tradición y modernidad dialogan constantemente.

Uno de los aspectos más interesantes de la exposición es comprobar cómo la artista absorbió influencias muy diversas. En su imaginario aparecen ecos del románico catalán —especialmente del célebre Tapiz de la Creación de la Catedral de Girona—, de los textiles precolombinos, de los bordados populares europeos y también de las vanguardias históricas. En sus composiciones se perciben resonancias de Antoni Gaudí, Paul Klee, Joan Miró o Joaquín Torres García, aunque siempre reinterpretadas desde una sensibilidad absolutamente propia.

Esculturas de macramé · Años 60–80

Especialmente impactantes son sus monumentales esculturas de macramé realizadas entre los años sesenta y ochenta, piezas que le otorgaron reconocimiento internacional en las Bienales de Lausana. Suspendidas en el espacio, realizadas con yute, algodón, sisal o cuerdas teñidas por la propia artista, evocan velas marinas, redes, paños litúrgicos o formas orgánicas en movimiento.

Entre todas ellas destaca Ondulaciones (1974), una de las piezas centrales de la exposición y perteneciente hoy a la colección permanente del Reina Sofía. Realizada con gruesas cuerdas de nylon utilizadas para amarrar barcos, la obra impresiona tanto por su escala monumental como por la complejidad técnica de sus nudos. Vista desde distintos ángulos, transmite el movimiento del mar y convierte al espectador en parte de una experiencia casi inmersiva.

Washi · 1990

A partir de los años ochenta, el papel hecho a mano adquirió un papel fundamental en su producción. La serie Washi, inspirada en la tradición japonesa, transforma el papel en un cuerpo vivo y suspendido. Finas láminas translúcidas cuelgan en el espacio y reaccionan suavemente al movimiento del aire, generando una sensación de fragilidad meditativa.

Móviles · 1987–1991

En paralelo, Muñoz desarrolló sus extraordinarios libros-objeto, concebidos más como esculturas aéreas que como elementos de lectura. Sus viajes a México y Brasil despertaron un profundo interés por las culturas precolombinas y especialmente por los “quipus” incas, sistemas de cuerdas y nudos utilizados para almacenar información. A partir de esa idea, la artista creó estructuras donde el nudo se convierte en lenguaje y memoria.

Otro de los grandes hallazgos de la exposición son los dibujos, muchos de ellos inéditos. Realizados con tinta, bolígrafo o acuarela, muestran un universo onírico poblado por animales híbridos, arquitecturas imaginarias, máquinas imposibles y seres fantásticos. En ellos conviven el surrealismo, el arte románico y cierta sensibilidad cercana a la cultura pop de los años sesenta.

La última parte de la muestra está dedicada a sus aeróstatos y estructuras voladoras, desarrolladas desde finales de los años setenta. Grandes superficies textiles articuladas mediante varillas recuerdan parapentes, cometas o ingenios aéreos primitivos. Son obras profundamente poéticas que revelan la fascinación de Muñoz por el viento, el vuelo y la idea de trascender los límites físicos.

En este sentido, resulta inevitable pensar en Leonardo da Vinci, una de las referencias intelectuales de la artista. Sin embargo, sus creaciones no buscan funcionar como máquinas reales, sino como organismos suspendidos entre arte, naturaleza y sueño.

Especialmente recordada fue la instalación Pájaros cometa, presentada en 1982 en el Palacio de Cristal, donde sus esculturas parecían flotar sobre los visitantes como criaturas vivas.

La exposición Entes no solo recupera la figura de una artista excepcional; también invita a reconsiderar los límites entre arte y artesanía, entre objeto y espacio, entre materia y pensamiento. Aurelia Muñoz convirtió el hilo, el papel y el nudo en una forma de construir mundos. Y al recorrer esta muestra, el visitante tiene la sensación de entrar precisamente en eso: un universo suspendido entre la tierra y el aire.

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