Efemérides

CUANDO CARLOS III PERMITIÓ PASEAR POR EL PARQUE DEL RETIRO

12 de mayo de 1767

Hoy resulta difícil imaginar Madrid sin el Parque del Retiro abierto al público, lleno de paseantes, músicos, barcas y corredores. Sin embargo, durante siglos este espacio fue un recinto exclusivo de la monarquía, reservado al disfrute privado de la corte. Fue el 12 de mayo de 1767 cuando el rey Carlos III tomó una decisión histórica: permitir el acceso de los madrileños al Real Sitio del Buen Retiro, aunque bajo estrictas normas y limitaciones.

DEL REINO DE NÁPOLES A MADRID

Hijo de Felipe V y de Isabel de Farnesio, Carlos III había reinado durante veinticinco años en Nápoles antes de llegar al trono español en 1759, tras la muerte sin descendencia de su hermanastro Fernando VI.

Cuando regresó a España en 1760, el nuevo monarca se instaló temporalmente en el antiguo Palacio del Buen Retiro junto a su familia y a su madre, mientras concluían las obras del nuevo Palacio Real de Madrid iniciado por Felipe V en 1738.

EL ANTIGUO REAL SITIO DEL BUEN RETIRO

El Retiro no era entonces un simple parque, sino un inmenso complejo cortesano desarrollado entre los siglos XVII y XVIII para el ocio de la monarquía.

El conjunto incluía:

  • El gran Palacio del Buen Retiro, hoy prácticamente desaparecido tras la Guerra de la Independencia Española.
  • El Monasterio de San Jerónimo el Real, origen histórico del enclave.
  • El Coliseo del Buen Retiro, uno de los grandes teatros cortesanos del barroco español.
  • Ermitas dispersas por el recinto, dedicadas a santos como San Juan, San Pablo o San Blas.
  • El gran Estanque Grande del Retiro, centro de espectáculos náuticos y celebraciones reales.

LAS NAUMAQUIAS DEL RETIRO

Durante el reinado de Felipe IV y bajo el impulso del conde-duque de Olivares, el Estanque Grande se convirtió en escenario de fastuosas “naumaquias”: simulacros de batallas navales inspirados en los espectáculos de la antigua Roma.

El Real Sitio llegó a disponer de una auténtica flota en miniatura: galeones, falúas, bergantines y góndolas decoradas con sedas, cristales y metales preciosos. Incluso existía una embarcación real llamada Santo Rey Don Fernando, traída desde Sevilla.

Aquellos espectáculos incluían fuegos artificiales, cañonazos, tempestades simuladas y fortalezas efímeras levantadas sobre la isla central del estanque. Grandes dramaturgos como Pedro Calderón de la Barca participaron en la organización de estas representaciones teatrales acuáticas.

EL RETIRO ILUSTRADO DE CARLOS III

Fiel a su espíritu reformista e ilustrado, Carlos III continuó ampliando el recinto con instalaciones científicas e industriales.

Entre ellas destacó la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro, conocida popularmente como “La China”, fundada en 1760 sobre el solar de una antigua ermita.

También transformó antiguas dependencias vinculadas al estanque en la futura Casa de Fieras del Retiro, uno de los primeros zoológicos de Europa, aunque ya desde 1767 existían pajareras y espacios para animales exóticos.

LA APERTURA AL PÚBLICO… CON CONDICIONES

La decisión de abrir el Retiro al público en 1767 no significaba libertad absoluta.

El acceso estaba cuidadosamente regulado:

  • Era obligatorio vestir de manera decorosa.
  • Los caballeros debían llevar capa y las damas sombrero o pamela.
  • No se permitía entrar con harapos ni ropa deteriorada.
  • Estaba prohibido introducir comida, bebida o animales.
  • Tampoco podían llevarse sillas o asientos propios.
  • Existían horarios y días concretos de acceso.

Además, no todo el parque podía visitarse. El acceso público se limitaba principalmente al entorno del Estanque Grande, mientras que áreas como el “Reservado” seguían siendo exclusivas de la familia real hasta bien entrado el siglo XIX.

Estas normas reflejaban la mentalidad ilustrada del momento: abrir parcialmente el espacio al disfrute ciudadano, pero manteniendo su carácter aristocrático y excluyendo a los sectores más humildes de la sociedad.

DEL REAL SITIO AL PARQUE ACTUAL

Muchos de los rincones más conocidos hoy del Retiro pertenecen realmente al siglo XIX, cuando el parque comenzó a transformarse en un jardín romántico abierto a la ciudad.

Espacios como:

  • la Casita del Pescador,
  • la Casa del Contrabandista,
  • la Montaña de los Gatos,
  • o el Real Observatorio Astronómico de Madrid,

son posteriores a la primera apertura impulsada por Carlos III.

También las grandes puertas monumentales y buena parte de la imagen actual del parque pertenecen a reformas posteriores.

UN ESPACIO VIVO Y PROTEGIDO

Más de dos siglos después, el Retiro sigue siendo uno de los grandes pulmones verdes de Madrid y continúa regulado por normas municipales destinadas a proteger tanto su patrimonio natural como artístico.

Hoy las restricciones afectan, por ejemplo, al uso de bicicletas, patines o vehículos, y el parque puede cerrarse por fuertes vientos, calor extremo o nevadas para garantizar la seguridad de los visitantes y preservar su arbolado histórico.

EL LEGADO DE CARLOS III

La apertura parcial del Retiro en 1767 marcó un cambio importante en la relación entre la monarquía y la ciudad. Aquel antiguo espacio reservado a la corte comenzó lentamente a convertirse en un lugar compartido por los madrileños.

Pasear hoy por sus avenidas, contemplar el estanque o descansar bajo sus árboles es también recorrer la historia de un jardín que nació como símbolo del poder real y terminó convirtiéndose en uno de los espacios públicos más queridos de Madrid.

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