Un 28 de enero de 1578 falleció en Madrid el médico y botánico Francisco Hernández, una de las figuras más relevantes de la ciencia española del siglo XVI. Nacido en Puebla de Montalbán (Toledo) en 1517, estudió Medicina en la Universidad de Alcalá. Durante varios años ejerció como médico en Toledo y Sevilla, y posteriormente en el hospital del Monasterio de Guadalupe, un cargo prestigioso y bien remunerado.
Hacia 1565 regresó a Toledo y, poco después, en 1567, fue nombrado médico de la corte. Gracias a su sólida formación intelectual y científica, así como a su mentalidad abierta a las novedades, el rey Felipe II lo eligió para dirigir una de las expediciones más ambiciosas organizadas por la Corona: el estudio sistemático de la riqueza natural de las colonias americanas.

Hernández dispuso de 60.000 ducados para organizar el viaje y, en enero de 1570, fue nombrado “Protomedico general de todas las Indias, islas y tierra firme del Mar Océano”. Con 53 años, viudo, acompañado por su hijo Juan y tras dejar a sus dos hijas en el convento de San Juan de la Penitencia de Toledo, partió hacia la Nueva España.
Esta expedición es considerada la primera expedición científica de la Edad Moderna. El viaje incluyó escalas en las Islas Canarias, la Isla Española (actual Santo Domingo), Cuba y Veracruz, adonde llegaron tras tres meses de travesía. La expedición contaba con geógrafos, pintores, botánicos y médicos indígenas.

Durante tres años, Hernández recorrió la Meseta Central, Oaxaca, Michoacán y Pánuco, estudiando y recopilando información sobre plantas y animales, analizando sus efectos curativos y documentando los usos medicinales que les daban los pueblos indígenas. El resultado fue extraordinario: cerca de 3.000 especies de plantas y 400 especies de animales descritas. Artistas nativos como Baltazar Elías y Pedro Vázquez ilustraron detalladamente estos estudios.
Desde la región central se desplazó hacia selvas secas y valles, visitando poblaciones como San Luis Potosí, Puebla, Taxco, Querétaro y Guanajuato. A partir de 1574 se estableció en la Ciudad de México, donde estudió la geografía, el clima, las tradiciones y los yacimientos arqueológicos.

Durante estos años reunió una valiosa colección de plantas secas y frescas, 38 volúmenes de dibujos y numerosas notas, algunas escritas en náhuatl. Todo este material fue enviado a la Corona. En el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco se enseñaba y transmitía el conocimiento tradicional indígena; allí el franciscano Bernardino de Sahagún recopiló gran parte de su documentación, hoy parcialmente conservada en las Galerías Reales.

En 1577, gravemente enfermo y debilitado, Francisco Hernández regresó a España en la flota del almirante Diego Maldonado de Mendoza. Falleció en Madrid al año siguiente, en 1578.
Su obra fue publicada de manera póstuma. Debido a su elevado coste, Felipe II encargó al médico napolitano Nardo Antonio Recchi la elaboración de una versión abreviada, publicada bajo el título “Tesoro de las cosas medicinales de la Nueva España”. La parte botánica apareció como “Historia de las plantas de la Nueva España”. Los manuscritos originales se conservaron en la biblioteca de El Escorial, pero desaparecieron probablemente durante el incendio de 1672.

En 1790, el médico Casimiro Gómez Ortega realizó una nueva compilación basada en materiales adicionales hallados en el Colegio Imperial de los Jesuitas de Madrid.
Tras la expedición de Francisco Hernández, se llevaron a cabo otras grandes expediciones científicas, entre ellas: la realizada a los Reinos del Perú y Chile (1777-1788), la Real Expedición del Nuevo Reino de Granada dirigida por Celestino Mutis (1783-1813) y la Real Expedición Botánica a la Nueva España de Martín de Sessé y Mociño, que amplió y completó la obra iniciada por Hernández.