La historia de la Virgen del Puerto, conocida como «La Canchalera» en Extremadura y «La Melonera» en Madrid, es un relato fascinante que fusiona la devoción religiosa con las costumbres populares de ambas regiones.
La devoción a la Virgen del Puerto llegó a Madrid desde Plasencia gracias a don Francisco Antonio Salcedo Aguirre, I marqués de Vadillo, un fiel devoto que en 1718 financió la construcción de un santuario en las afueras de la ciudad. Este santuario, ubicado en el antiguo Paseo de la Tela cerca del río Manzanares, es ahora conocido como «La Melonera» y se encuentra en el distrito de Arganzuela. La romería en honor a la Virgen se celebra el 8 de septiembre, día de la Anunciación de María, con una procesión que recorre las calles del barrio desde el Colegio Imperial de los Jesuitas hasta la ermita, una tradición que se mantiene desde el siglo XVIII.
La imagen de la Virgen del Puerto en Madrid es una réplica de la original extremeña, conocida como «La Canchalera». Esta última recibió su apodo por haber sido encontrada milagrosamente entre los canchales (peñascos) en lo alto de la Sierra de Plasencia. Aunque ambas imágenes son idénticas, la Virgen de Plasencia es rubia mientras que la de Madrid es morena.

Según la leyenda, la imagen de la Virgen del Puerto estuvo oculta durante la invasión musulmana y fue redescubierta 800 años después por un pastor. Como muestra de agradecimiento, la Virgen pidió que le construyeran un santuario en lo alto de la sierra, desde donde se divisa el Valle del Jerte y Monfragüe. La imagen original desapareció durante la Guerra Civil española, pero en el año 2000 se colocó una réplica exacta en su camarín.
La conexión entre la Virgen del Puerto y los melones proviene de una curiosa tradición. Durante la festividad en septiembre, los lugareños bajaban de las montañas con sus mercancías, principalmente melones y sandías. Para evitar pasar por la Puerta de San Vicente y pagar impuestos, montaban sus puestos alrededor de la ermita, donde solían tener buenas ventas. Una leyenda cuenta que una joven abandonada por su novio rezó a la Virgen del Puerto y logró que él regresara. En agradecimiento, dejó un melón como obsequio a los pies de la Virgen. Desde entonces, la tradición dice que el novio elegido por San Antonio en junio demostrará ser un buen esposo si comparte un melón con su prometida durante las fiestas de la Virgen del Puerto.
Esta historia, llena de devoción y tradición, nos recuerda la importancia de la fe y las costumbres populares en la cultura española, tanto en Extremadura como en Madrid.
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