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INAUGURACIÓN DE LOS CINES IDEAL. 14 DE MAYO DE 1916

“Emplazado en el sitio más céntrico y populoso de la capital; construido de nueva planta, según proyecto del arquitecto señor Espeliús, es elegante y amplio, capaz para 3.000 espectadores, que pueden cómodamente, y desde todas las localidades, presenciar la proyección de las películas. Tiene entrada por tres hermosas puertas, y como accesorias para salida cuenta con siete en el costado que da a la calle de la Trinidad, lo que permite que sea desalojado en dos minutos como máximo.”

Así describía la prensa madrileña la inauguración del Cine Ideal el 14 de mayo de 1916. Y no exageraba. Madrid contemplaba entonces el nacimiento de uno de los grandes templos cinematográficos de la capital, un edificio moderno, elegante y concebido para un espectáculo que comenzaba a transformar la vida urbana: el cine.

El nuevo cinematógrafo se levantó sobre terrenos pertenecientes al Ministerio de Fomento, espacio ocupado antiguamente por el convento de los Trinitarios Calzados hasta la Desamortización de Mendizábal. La calle de la Trinidad que mencionaba la prensa es la actual calle Doctor Cortezo, una vía que comenzaba a llenarse de teatros, cafés y locales de ocio en aquel Madrid que despertaba definitivamente a la modernidad.

Aunque algunos periódicos hablaban de un aforo de 3.000 espectadores, la capacidad real rondaba las 1.900 localidades, una cifra igualmente impresionante para la época. Sus propietarios fueron Lorenzo Alemany, Luis Lillo y Compañía, mientras que la construcción corrió a cargo de la empresa Vázquez del Saz.

El edificio era también una declaración de lujo y sofisticación. La prensa destacó especialmente sus cuatro escaleras de mármol que conducían hacia la planta principal y el refinamiento de sus salones. Entre todos los elementos decorativos sobresalían las magníficas vidrieras modernistas del salón de fumar, realizadas en Zaragoza y muy cercanas estéticamente a los trabajos de la célebre Casa Maumejean, responsable de algunas de las mejores vidrieras del Madrid de comienzos del siglo XX.

En aquellas vidrieras aparecía una sugerente alegoría del cine: una misteriosa figura femenina apoyando su rostro sobre un proyector cinematográfico, rodeada de pavos reales, guirnaldas y motivos vegetales propios del Art Nouveau. El Cine Ideal no era solo un lugar donde ver películas; era una experiencia estética completa.

El autor del proyecto fue José Espeliús Anduaga, arquitecto nacido en San Sebastián en 1874 y formado en la Escuela de Arquitectura de Madrid. Espeliús desarrolló una intensa actividad vinculada a edificios teatrales y cinematográficos, convirtiéndose en uno de los arquitectos más representativos del Madrid elegante de comienzos del siglo XX.

Entre sus obras destacan el Hotel Gran Vía, el Teatro Reina Victoria, el Teatro Muñoz Seca, el antiguo Ministerio de Marina en el Paseo del Prado y la monumental Plaza de Toros de Las Ventas. En todas ellas aparece ese gusto por una arquitectura monumental, burguesa y cosmopolita que definió la transformación urbana de Madrid durante aquellas décadas.

El Cine Ideal reunía influencias modernistas, secesionistas y neobarrocas. Su fachada original, hoy muy transformada, destacaba por su elegancia y luminosidad. Desgraciadamente, parte de esa decoración desapareció probablemente durante la Guerra Civil, aunque las restauraciones posteriores recuperaron elementos esenciales de su imagen histórica, como las vidrieras y el coronamiento superior con balaustradas y pináculos reinstalado en 2017.

La vida del edificio ha sido intensa y cambiante, reflejando la propia evolución del ocio madrileño. El 26 de marzo de 1932 inició una breve etapa como teatro, debutando la compañía de Mercedes Prendes con la obra Los malhechores del bien, de Jacinto Benavente. Antes de la representación, el maestro Ricardo Villa dirigió un concierto de la Banda Municipal de Madrid, convirtiendo la velada en un auténtico acontecimiento cultural.

Tras la Guerra Civil volvió a centrarse en el cine y en 1958 modernizó sus instalaciones. Muchos madrileños todavía recuerdan con nostalgia su etapa en los años ochenta como Cinestudio Ideal, especializado en cine fantástico y de terror, con sesiones triples y maratones cinematográficas hasta altas horas de la madrugada. No tardó en ganarse un sobrenombre mítico: “El Palacio del Terror”.

Cuando parecía condenado a desaparecer, el edificio renació en los años noventa gracias a su transformación en multicines por parte de Yelmo Cines. Más tarde, en 2015, el grupo mexicano Cinépolis adquirió la cadena española, integrando los históricos Cines Ideal en una de las mayores compañías cinematográficas del mundo.

Hoy, mientras los espectadores atraviesan sus puertas para asistir a una proyección en versión original, pocos imaginan que están entrando en uno de los espacios más emblemáticos de la memoria cultural madrileña. Un edificio que ha sobrevivido a guerras, reformas, cambios sociales y transformaciones urbanas, manteniendo viva, más de un siglo después, la magia del cine en el corazón de Madrid.

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