En pleno corazón de Madrid, en la Plaza del Rey, muy cerca del actual Ministerio de Cultura y de la emblemática Casa de las Siete Chimeneas, se inauguraba el 5 de mayo de 1891 un monumento dedicado a uno de los héroes del levantamiento del Dos de Mayo de 1808: el teniente Ruiz.
Apenas unos días después de que Madrid conmemore cada año esta fecha con actos como la ofrenda floral en la Puerta del Sol o en el Cementerio de la Florida —junto a la ermita decorada por Francisco de Goya con sus pinturas murales dedicadas a San Antonio de Padua—, este monumento nos recuerda el sacrificio de quienes protagonizaron aquella jornada.
EL HÉROE: JACINTO RUIZ Y MENDOZA
Jacinto Ruiz y Mendoza, conocido como el teniente Ruiz, nació en Ceuta en 1779. Fue uno de los protagonistas de la defensa del Parque de Artillería de Monteleón junto a los capitanes Luis Daoiz y Pedro Velarde.
Durante los combates del 2 de mayo resultó gravemente herido. Fallecería meses después, en 1809, a consecuencia de aquellas heridas. Su figura quedó grabada en la memoria colectiva como símbolo de valor, sacrificio y resistencia.

UNA OBRA DE MARIANO BENLLIURE
El monumento fue obra del gran escultor valenciano Mariano Benlliure, uno de los artistas que mejor supo plasmar el espíritu de su tiempo en el espacio urbano madrileño.
Financiado mediante suscripción popular y aportaciones del ejército —lo que evidencia la enorme popularidad del personaje—, el encargo se realizó directamente al escultor, sin concurso previo. La obra fue realizada en Roma y fundida por la casa Crescenzi.
Benlliure creó una escultura profundamente expresiva: el teniente aparece en movimiento, captado en un instante de máxima tensión dramática. Gracias a un retrato al óleo proporcionado por la familia, el artista logró una representación muy realista, cargada de emoción.
La pieza fue colocada en la plaza el 1 de marzo de 1891 e inaugurada oficialmente el 5 de mayo de ese mismo año.

HISTORIA DEL MONUMENTO
Originalmente situada en el centro de la plaza, la escultura fue desplazada a uno de sus laterales tras la remodelación del espacio en los años 80, coincidiendo con la construcción de un aparcamiento subterráneo. Posteriormente, fue restaurada en 1994 y nuevamente en 2022.
El proceso de instalación fue todo un acontecimiento en la época. Periódicos como el Heraldo de Madrid anunciaban su inauguración, mientras que el Diario Oficial de Avisos de Madrid informaba de la llegada desde Roma de un vagón cargado con las distintas piezas del monumento: esculturas, relieves, escudos y elementos decorativos.

ARTE, MOVIMIENTO Y DRAMA
La obra de Benlliure destaca por su lenguaje naturalista y su extraordinaria capacidad para transmitir emoción. El teniente Ruiz aparece avanzando con determinación, en una composición que recuerda —por su fuerza simbólica— a obras como La Libertad guiando al pueblo.
El escultor construye una figura dinámica, pensada para ser contemplada desde múltiples ángulos. El gesto, la tensión corporal y el movimiento contenido convierten la escultura en una auténtica narración visual del heroísmo.
La escena representa el instante previo a la tragedia: el momento en que el teniente pisa una granada que aún no ha explotado, anticipando su destino fatal. Es, por tanto, una obra cargada de simbolismo: el sacrificio individual al servicio de la libertad colectiva.

BENLLIURE Y EL MADRID MONUMENTAL
Mariano Benlliure, nacido en Valencia, fue una de las figuras clave de la escultura española de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Formado en Roma y reconocido en exposiciones nacionales e internacionales, se convirtió en el escultor oficial de la época.
Académico de Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, director de la Academia Española en Roma y posteriormente del Museo Nacional de Arte Moderno, su obra está presente en numerosos rincones de Madrid.

UN SÍMBOLO DE MEMORIA
Hoy, la estatua del teniente Ruiz no es solo un monumento histórico. Es un recordatorio vivo del papel del pueblo en la lucha por la independencia y de la capacidad del arte para fijar en la memoria colectiva los momentos decisivos de la historia.
Caminar por la Plaza del Rey y encontrarse con esta figura en movimiento es, en cierto modo, revivir aquel impulso de libertad que marcó para siempre la historia de Madrid.