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¡Renovado y Reluciente! El Museo del Traje Reabre sus Puertas

Tras unos meses de cierre debido a la pandemia, el Museo del Traje reabrió sus puertas en octubre de 2021, con una impresionante exposición permanente que incluye más de 1,000 piezas. Esta colección ilustra la evolución de la indumentaria desde el siglo XVII, explorando el papel de la moda en la construcción de identidades colectivas, de género y de clase.

El edificio que alberga el museo fue construido en 1969 por Jaime López de Asiain y Ángel Díaz Domínguez, originalmente como el Museo Español de Arte Contemporáneo. La pandemia brindó la oportunidad de reflexionar y repensar cómo debería ser un museo dedicado al arte de vestirse.

El museo no solo exhibe prendas y complementos representativos de cada época y de las firmas más influyentes, sino también documentos históricos, muebles, juguetes, carteles, exvotos, instrumentos musicales, frascos, electrodomésticos y cosméticos. Estos objetos contextualizan la evolución del gusto, reflejando cambios morales, sociales y económicos.

El recorrido comienza con una labor de bolillos del siglo XVII, recordándonos que muchas técnicas de confección artesanal se transmitieron de generación en generación entre las mujeres del ámbito rural. También se presenta el tratado de sastrería de Juan de Albayceta de 1720. La moda española, influyente en Europa durante los siglos XVI y XVII, se destaca con su estilo sobrio y colores oscuros, especialmente el negro obtenido del Palo de Campeche importado de Centroamérica. Este estilo tuvo su máxima expresión en la corte borgoñona de Felipe II.

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El museo también hace guiños a diseñadores actuales como la Sastrería Oteyza, que reinterpreta la indumentaria histórica. La influencia de Francia e Inglaterra, el fenómeno del «majismo», el «traje de luces» y la estética neo-cañí difundida por artistas como Rosalía y C. Tangana se abordan en la exposición.

En el siglo XIX, las primeras revistas de moda llegaron a España, con París exportando patrones, telas y estilos que reflejaban cambios sociopolíticos. Desde los trajes Imperio inspirados en la Antigüedad Clásica hasta los apretados corsés tras la Restauración, el miriñaque y el polisón, mientras los hombres adoptaban una etiqueta homogénea con el pantalón como única alternativa.

La exposición incluye trajes de la «Belle Époque», firmas como la de Fortuny y su taller de Venecia, y trajes regionales como el «Diablo de Artà» de Mallorca o el «Diablo de Cucúa» en Panamá.

Desde los años 20, se presentan trajes de verano, deportivos, nocturnos e inspirados en las vanguardias históricas, como Schiaparelli y Sonia Delaunay. También se destacan los militarismos en la moda y los trajes de inspiración militar.

El surgimiento del prêt-à-porter en 1950, y el inicio de las grandes marcas comerciales, se reflejan en los maniquís a medida que exhiben estas piezas únicas. La alta costura de mediados del siglo XX, con Balenciaga, y la moda en el cine español, que alcanzó altas cotas gracias a los Estudios Bronston, también se exhiben. En Barcelona, la Cooperativa de Alta Costura con Manuel Pertegaz a la cabeza es otro punto destacado.

Las últimas salas están dedicadas a la moda urbana y su relación con la música pop, punk o rock. Referencias a la Movida madrileña, el papel de la televisión en la difusión de las tendencias y la estética camp nos conducen hasta una vitrina con algunos de los looks más provocadores de David Delfín, considerado el enfant terrible de la moda en España.

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