Efemérides

Fallece el 17 de marzo de 1501 Francisco Ramírez “el Artillero”

El 17 de marzo de 1501 murió una de las figuras más influyentes del final de la Edad Media castellana: Francisco Ramírez de Madrid, conocido como “el Artillero”. Capitán general de la artillería de los Reyes Católicos, su papel en la Guerra de Granada fue decisivo para consolidar el desarrollo militar de Castilla en el uso de la artillería. Además, desempeñó funciones como secretario y consejero de la Corona. Su figura está también ligada a la de su segunda esposa, la célebre humanista Beatriz Galindo, íntima colaboradora de Isabel I de Castilla.

Francisco Ramírez nació hacia 1445. Era hijo de Juan Ramírez de Ureña, regidor de Madrid, y de Catalina Ramírez de Cobreces, hidalgos originarios de San Vicente de la Barquera establecidos en la corte desde 1430. Su formación transcurrió en la corte de Enrique IV de Castilla, a cuyo servicio permaneció durante los difíciles años finales del reinado.

Durante la Guerra de Sucesión Castellana tomó partido por la princesa Isabel frente a su sobrina Juana la Beltraneja. Tras la Batalla de Toro, favorable a la causa isabelina, fue nombrado secretario real. Su carrera política y militar despegó entonces con rapidez.

Como capitán general de Artillería se distinguió especialmente durante la Guerra de Granada, donde desarrolló una intensa actividad tanto logística como estratégica. El uso eficaz de la artillería en los asedios contribuyó a acelerar la conquista castellana del último reino nazarí de la península.

En recompensa por sus servicios, los Reyes Católicos lo nombraron alcaide del Alcázar de Sevilla y consejero real. Recibió también diversas mercedes, como el cortijo de Bornos en Jaén y otras heredades en Granada. De regreso a Madrid fue designado regidor del Concejo y acumuló extensas propiedades, entre ellas terrenos situados entre el Paseo del Prado y el Paseo de las Delicias, así como ambas riberas del arroyo de Atocha.

Incluso la Santa Sede le concedió privilegios espirituales por su participación en la guerra contra el islam, entre ellos indulgencias y la autorización para disponer de un altar portátil que le permitiera asistir a misa durante las campañas militares.

En 1473 se casó con Isabel de Oviedo, con quien tuvo seis hijos. Tras enviudar en 1484, volvió a contraer matrimonio en 1495 con Beatriz Galindo, veinte años más joven que él. Procedente de una familia hidalga zamorana venida a menos, Beatriz había sido educada para la vida religiosa, pero su extraordinario talento para el latín —de ahí su sobrenombre de La Latina— la llevó a la corte como preceptora de la reina Isabel, quien la convirtió en una de sus colaboradoras más cercanas.

De este segundo matrimonio nacieron dos hijos, Fernán y Nuflo. El matrimonio residió en el actual Palacio de Viana, hoy sede del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Francisco Ramírez murió en 1501 mientras sofocaba una rebelión de mudéjares en la Sierra de Ronda. Aquella insurrección había estallado en 1499 tras el incumplimiento castellano de algunas condiciones acordadas en las capitulaciones de Granada.

Tras su muerte, Beatriz Galindo regresó a Madrid y desarrolló una intensa labor de mecenazgo religioso y asistencial. Fundó un hospital y dos conventos bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, una devoción especialmente promovida por la reina Isabel y por las damas de su Casa.

El hospital —construido en la calle Toledo— fue conocido con el tiempo como el Hospital de la Latina. Derribado en 1904, había sido concebido como una institución estrictamente destinada a atender a los más necesitados: pobres, presos y enfermos sin recursos.

Beatriz Galindo logró también establecer mayorazgos para asegurar el patrimonio de sus hijos, que eran todavía muy pequeños cuando murió su padre. Falleció en Madrid en 1535, a los 69 años.

Hoy su memoria permanece viva en el barrio madrileño de La Latina, en la calle que lleva su nombre junto a Las Vistillas, y en varios monumentos levantados en su honor, como los situados en Puerta del Ángel y Navalcarnero.

La figura de Francisco Ramírez “el Artillero” quedó así ligada tanto a la modernización militar de la monarquía de los Reyes Católicos como al legado cultural y asistencial que su esposa dejó en la historia de Madrid.

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