Efemérides

Cuando la capital del Imperio Español se trasladó a Valladolid (1601-1606): Especulación inmobiliaria en la Corte

La especulación inmobiliaria no es un fenómeno moderno. Ya en el siglo XVI, el poderoso Duque de Lerma, valido de Felipe III, utilizó su influencia para trasladar la capital de Madrid a Valladolid en 1601 y, apenas cinco años después, devolverla a Madrid el 4 de marzo de 1606. Detrás de este cambio no había razones estratégicas ni administrativas, sino una bien orquestada operación de compra-venta de propiedades que benefició al duque y a su entorno, mientras sumía en la miseria a las ciudades afectadas.

De Madrid a Valladolid: un cambio con intereses ocultos

Desde la Edad Media, la Corte itinerante fue una constante en los reinos hispánicos, especialmente durante la Reconquista. Tanto los Reyes Católicos como los Austrias mantuvieron esta costumbre, hasta que finalmente Felipe II fijó la capital en Madrid en 1561.

Los motivos de esta elección no están del todo claros, pero los cronistas de la época mencionan el aire puro de la sierra y la abundancia de agua como factores clave. Además, Madrid ocupaba una posición central en la península, lo que facilitaba la comunicación con los distintos reinos.

Sin embargo, en 1601, su hijo Felipe III decidió trasladar la capital a Valladolid, influenciado por su valido, Francisco de Sandoval y Rojas, Duque de Lerma. Pero la razón real detrás de esta decisión no fue política ni estratégica, sino puramente económica.

La mayor operación inmobiliaria del Siglo de Oro

El Duque de Lerma, natural de Tordesillas, aprovechó su posición privilegiada para llevar a cabo una jugada maestra de especulación urbanística.

  • Antes del traslado, adquirió grandes extensiones de terrenos y palacios en Valladolid a precios irrisorios, sabiendo que, una vez convertida en capital, estos inmuebles se revalorizarían.
  • Cuando Valladolid se convirtió en la sede de la Corte, el duque vendió estas propiedades a precios desorbitados, acumulando una inmensa fortuna.
  • Al mismo tiempo, en Madrid, el comercio y la vida urbana se paralizaron, provocando una caída drástica en el valor de las propiedades. El Duque aprovechó esta crisis para comprar grandes terrenos y edificios a precios de saldo.
  • Finalmente, en 1606, convenció de nuevo al monarca para que trasladara la Corte de vuelta a Madrid, lo que disparó otra vez los precios en la capital. El resultado fue un negocio redondo: compró barato, vendió caro y repitió la jugada con Madrid.

Este tipo de maniobras serían hoy consideradas corrupción y tráfico de influencias, pero en la época, el Duque de Lerma salió impune y se convirtió en el hombre más rico de España.

Consecuencias del traslado de la Corte

  • Valladolid experimentó un crecimiento explosivo, pasando de 30.000 a más de 70.000 habitantes en solo dos años. Atraídos por la presencia real, llegaron a la ciudad personajes ilustres como Quevedo, Góngora, Cervantes, Rubens, Ambrosio Espínola y el escultor Gregorio Fernández. También nacieron allí Felipe IV y su hermana Ana de Austria, futura reina de Francia y madre de Luis XIV.
  • Madrid sufrió el efecto contrario. Su población se redujo drásticamente de 80.000 a 23.000 habitantes, con un empobrecimiento generalizado. Muchos comerciantes vieron arruinados sus negocios y se vieron obligados a sobornar al Duque de Lerma para que la Corte regresara.
  • María de Austria, tía de Felipe III, había sido una gran opositora del duque desde su retiro en el Monasterio de las Descalzas Reales. Se especula que el traslado de la Corte también tuvo como objetivo alejar al rey de su influencia. María falleció en 1603, y poco después comenzaron los preparativos para el regreso a Madrid.
  • En 1605, una delegación diplomática inglesa llegó a Valladolid para negociar la paz entre España e Inglaterra. Se dice que entre los asistentes podría haber estado William Shakespeare, quien, según algunas teorías, llegó a conocer a Miguel de Cervantes.

El regreso a Madrid: una jugada planeada

La vuelta de la Corte a Madrid en 1606 no fue un giro inesperado, sino un plan cuidadosamente diseñado. Desde 1603, el alcalde de Madrid y el Duque de Lerma mantenían negociaciones secretas para preparar el regreso, asegurándose de que el duque obtuviera el máximo beneficio económico.

Con el retorno de la capitalidad, Madrid volvió a crecer y Valladolid quedó sumida en una profunda crisis. La ciudad tardó más de un siglo en recuperarse del golpe.

El Duque de Lerma, en cambio, disfrutó de su fortuna y su impunidad hasta que cayó en desgracia en 1618, cuando Felipe IV ascendió al trono y destituyó a su valido. Para evitar represalias, se ordenó sacerdote y consiguió el título de Cardenal, asegurándose protección eclesiástica hasta su muerte.

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