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OFICIOS CENTENARIOS: EL BRONCISTA NIQUELADOR

En pleno barrio de Malasaña, donde conviven la tradición histórica y el movimiento cultural, persiste un taller centenario que rinde homenaje a uno de los oficios más antiguos: el broncista. Entre calles que han visto pasar a ilustres vecinos como Quevedo o el músico Boccherini, y que fueron escenario de la Movida madrileña, el taller de José María Navarro, ubicado en la calle de la Madera Alta 51, sigue en pie como testigo de tiempos pasados y legado familiar.

Un legado de generaciones

El taller fue fundado en 1875 por José María Navarro Llombart en Valencia, antes de trasladarse a Madrid en 1885. En 1899, se estableció en el barrio de Malasaña, primero en la calle Molino de Viento y luego en Casto Plasencia. Sin embargo, tras los estragos de la Guerra Civil, el negocio fue trasladado a su ubicación actual en la calle de la Madera, donde ha resistido los vaivenes del tiempo.

Desde entonces, cuatro generaciones han continuado con el oficio:

  • José María Navarro Parrondo: Modernizó el taller en 1922 y trasladó la sede tras la guerra.
  • José María Navarro Cotillo: Lideró el negocio durante 18 años a partir de 1974.
  • José María Navarro Hernando: Actual propietario desde 1992, quien ha diversificado el trabajo hacia la restauración de piezas artísticas y colaboraciones con museos como el Romanticismo y el Museo de Historia de Madrid.

El arte del bronce y el niquelado

El trabajo del broncista es artesanal en su mayoría, con más del 75% de las tareas realizadas a mano. Entre las piezas que restauran y fabrican se incluyen:

  • Lámparas, letras y cruces.
  • Cabeceros de cama, herrajes de muebles antiguos y utensilios como bandejas o calderos.
  • Obras para iglesias y museos, incluyendo reproducciones de bronce.

El proceso incluye técnicas como el niquelado y baños en oro, cromo o plata, y aunque se usan herramientas como pulidoras, el oficio conserva su esencia manual y artística.


La calle de la Madera y el oficio del bronce

En el pasado, la calle de la Madera fue un epicentro de actividad para broncistas y almacenes de madera, que abastecían a los constructores del barrio. Hoy, el taller de José María Navarro es uno de los últimos vestigios de esa tradición, resistiendo en un barrio que ha vivido tanto épocas de esplendor como de decadencia.

Malasaña, conocida por su vibrante vida cultural, es también hogar de estos oficios centenarios, que nos recuerdan la importancia de preservar nuestras raíces en un mundo en constante cambio.

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