Efemérides

La Plaza de Oriente: Historia, Transformaciones y el Proyecto de 1844

Aunque fue José I Bonaparte, hermano de Napoleón y rey de España entre 1808 y 1813, quien impulsó inicialmente la creación de la Plaza de Oriente, no fue hasta mediados del siglo XIX cuando se aprobó su diseño definitivo. El proyecto de esta plaza, situada junto al Palacio Real, fue trazado en 1844 por el arquitecto Narciso Pascual y Colomer.

La Plaza de Oriente comenzó a tomar forma a principios del siglo XIX, cuando José Bonaparte ordenó la demolición de edificios en ruinas para abrir espacio y proporcionar una perspectiva adecuada al Palacio Real. Posteriormente, en 1818, el Ayuntamiento de Madrid financió las labores de explanación de la plaza. Sin embargo, no fue hasta el reinado de Isabel II que se materializó la idea de urbanizarla. En 1841, Agustín Argüelles y Martín de los Heros, intendente real, impulsaron su reforma, la cual fue finalmente realizada en 1844 bajo la dirección de Narciso Pascual y Colomer.

La plaza, de forma rectangular con una cabecera curva, tiene un carácter monumental y está enmarcada por dos de los edificios más emblemáticos de Madrid: el Palacio Real y el Teatro Real. Además, alberga varios jardines de gran valor histórico y artístico, así como una destacada colección de esculturas. Entre ellas, sobresale la imponente estatua ecuestre de Felipe IV, obra del siglo XVII creada por Pietro Tacca, que es considerada la primera estatua ecuestre del mundo en la que el caballo se sostiene únicamente sobre sus patas traseras.

A lo largo de los años, los jardines de la Plaza de Oriente han experimentado numerosas modificaciones. Desde su creación en 1844 hasta 1941, los jardines formaban un círculo alrededor del monumento a Felipe IV, rodeado de 44 estatuas de reyes españoles. Sin embargo, en 1927, el número de estatuas se redujo a 20. Posteriormente, en 1941, los jardines adoptaron una disposición en cuadrícula, con las 20 estatuas alineadas en dos filas de diez, flanqueando el monumento central.

Durante el franquismo, la Plaza de Oriente adquirió un fuerte simbolismo político. En ella se celebraban manifestaciones en apoyo al régimen de Franco, consolidando su papel como un espacio de encuentro de los partidarios del dictador.

En la década de los 90, bajo el mandato del alcalde Álvarez del Manzano, se emprendió una importante remodelación de la plaza. Se peatonalizó, liberando la zona de vehículos y enterrando la calle Bailén, que anteriormente separaba la plaza de la fachada del Palacio Real. Esta intervención permitió que la plaza se acercara directamente al edificio real. Además, se colocó un nuevo pavimento y se construyó un aparcamiento subterráneo. Las obras concluyeron en 1996, no exentas de polémica debido a los hallazgos arqueológicos encontrados durante la construcción, algunos de los cuales fueron destruidos por considerarse de escaso valor. Entre los restos conservados, destaca la base de una atalaya islámica, visible en el aparcamiento.

En 2003, como parte del Plan de Actuación Eje Peatonal Turístico y Cultural Museo del Prado-Palacio de Oriente, promovido por el Ministerio de Fomento, la Comunidad de Madrid y la Empresa Municipal de la Vivienda, se encargó a la empresa Lozano de Arganda del Rey la creación de lápidas con inscripciones sobre el pavimento. Estas inscripciones, que se extienden desde el Barrio de las Letras hasta el Palacio de Oriente, fueron parte de una intervención galardonada con el Premio Europa Nostra de Patrimonio Cultural en 2003, en reconocimiento al proyecto de la Plaza de Oriente.

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