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Del Convento a la Gran Pantalla: Historias del Barrio de Malasaña

Explorando los callejones empedrados y las plazas encantadoras del barrio de Universidad, en el corazón del siempre vibrante Malasaña, nos encontramos con un lugar cargado de historia y misterio. Entre las estrechas calles de San Roque, Pez y Madera Baja, se encuentra un antiguo convento que alguna vez fue un centro de devoción y arte, y que más tarde se convirtió en un lugar de entretenimiento que marcó una era en la historia cinematográfica de Madrid.

Conocido en sus días de gloria como «Las Plácidas», este convento de la orden benedictina tuvo un origen intrigante en el siglo XVII. En 1623, don Jerónimo de Villanueva, secretario y consejero del rey Felipe IV, fundó este convento con un propósito único: permitir que su antigua prometida, doña Teresa Valle de la Cerda, pudiera seguir su vocación religiosa. Doña Teresa, generosa y devota, contribuyó financieramente a la adquisición de una manzana de casas en esta prominente área del centro de Madrid. Bajo la dirección del renombrado arquitecto agustino recoleto Fray Lorenzo de Nicolás y el maestro Juan de Corpa, se inició la construcción del convento en un estilo barroco, que se completó en 1661.

Durante siglos, el convento fue testigo de numerosos eventos y leyendas. Desde visitas reales hasta historias de amores prohibidos y posesiones diabólicas, este lugar se convirtió en el escenario de innumerables dramas humanos. Una leyenda que aún perdura es la del «Cristo de San Plácido», una obra maestra encargada por el rey Felipe IV al pintor de la Corte, Velázquez, como expiación por sus deseos hacia una novicia. Este magnífico Cristo Crucificado, después de pasar por diversas manos, finalmente encontró su hogar en el Museo del Prado.

El convento albergaba una notable colección de obras de arte, incluyendo frescos de Francisco Ricci y Juan Martín Cabezalero, así como esculturas de Manuel Pereira y Gregorio Fernández. Sin embargo, a principios del siglo XX, el edificio estaba en un estado ruinoso y tuvo que ser demolido en 1903, dejando solo en pie la iglesia. En el lugar del antiguo convento se establecieron diversos negocios, incluyendo un cinematógrafo conocido como el Coliseo Ena Victoria, inaugurado en 1906 en la calle del Pez 7.

El Coliseo Ena Victoria fue uno de los primeros en adoptar el novedoso sistema Elgephon, un cinematógrafo parlante que revolucionó la industria del entretenimiento. Sin embargo, el destino del teatro cambió drásticamente el 1 de enero de 1908, cuando un incendio destruyó por completo el edificio y afectó a las estructuras circundantes.

Después de la tragedia, se proyectó la construcción de un nuevo convento de San Plácido, completado en 1913 por el arquitecto Rafael Martínez Zapatero. A lo largo de las décadas siguientes, el convento sobrevivió a la Guerra Civil Española, sirviendo brevemente como cárcel de mujeres antes de ser devuelto a las monjas, quienes se encargaron de su restauración.

Finalmente, en 2023, el convento cerró sus puertas, dejando su futuro incierto y el destino de sus valiosas obras de arte en suspenso. A pesar de los cambios y desafíos a lo largo de los siglos, el barrio de Malasaña sigue siendo testigo de la rica historia y las fascinantes historias que han dado forma a esta parte única de Madrid.

Este viaje a través del tiempo y el espacio nos recuerda la importancia de preservar nuestro patrimonio cultural y celebrar la diversidad y la creatividad que han enriquecido nuestras vidas a lo largo de los siglos.

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