El 10 de octubre de 1846, mientras Isabel II celebraba su mayoría de edad a los 16 años, se llevó a cabo su matrimonio con su primo, Francisco de Asís de Borbón. Este enlace real estuvo marcado por intrigas políticas y alianzas de Estado, reflejando la manipulación de España por potencias como Francia, Gran Bretaña y el Imperio Austriaco.
El evento atrajo la atención internacional, siendo cubierto por figuras destacadas como Alejandro Dumas, quien fue invitado por don Antonio de Orleans, hijo del duque de Montpensier. Las festividades se extendieron por Madrid, con celebraciones en la Basílica de Nuestra Señora de Atocha y la Capilla Real de Palacio, donde se organizaron luminarias, corridas de toros y bailes populares.
Aunque el matrimonio prometía una unión real, estuvo marcado por la infelicidad y las dificultades. Las inclinaciones sexuales de Francisco de Asís eran conocidas, lo que generó tensiones y desafíos en la relación. A pesar de tener doce hijos, solo cinco sobrevivieron a la niñez, incluido el futuro rey Alfonso XII, y se especula que algunos de ellos podrían no ser hijos biológicos de Francisco de Asís.
La vida personal de Isabel II fue objeto de controversia y burla por parte de los políticos opositores, alimentando una leyenda sobre su supuesta ninfomanía. Las intrigas en el palacio y los conflictos conyugales culminaron con su separación y exilio en Francia tras la Revolución Liberal de 1868, conocida como «La Gloriosa».
A pesar de las dificultades, Francisco de Asís dejó su marca como mecenas, contribuyendo a la restauración y embellecimiento de monumentos en Madrid. Sin embargo, fue objeto de desprecio popular y sátiras, reflejadas en apodos como «Isabelona la frescachona» y «Paquito Natillas».
Este enlace real, más allá de su pompa y ceremonia, refleja una época marcada por la intriga política, la manipulación internacional y las tensiones personales en la realeza española del siglo XIX.

