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LOS CURIOSOS AZULEJOS DE LAS FACHADAS DE LAS CALLES DE MADRID

¿Qué significa “Visita Gral. Manzana Nº…?

Cuando recorremos el casco histórico de Madrid, nos encontramos con una serie de azulejos blancos y azul cobalto que muestran una curiosa leyenda: “Visita Gral. Manzana Nº…”.

No es un mensaje decorativo ni una referencia artística. Es la huella visible de uno de los primeros intentos de organizar fiscalmente la ciudad.

El origen: la Regalía de Aposento

Para comprender estos azulejos debemos retroceder a 1561, cuando Felipe II estableció la Corte en Madrid. La ciudad, hasta entonces una villa más, se vio obligada a alojar a nobles, funcionarios y servidores reales.

Nació así la Regalía de Aposento, un impuesto que obligaba a los propietarios a:

  • Ceder parte de su vivienda para alojar a miembros de la Corte, o
  • Pagar una cantidad para evitar esa “incómoda repartición”.

El sistema generó fraudes, ampliaciones ficticias, tapiados estratégicos y toda clase de ingenios para esquivar la carga fiscal.

La gran “Visita General” (1750-1751)

En el siglo XVIII se decidió poner orden. Entre 1750 y 1751 se realizó un exhaustivo levantamiento parcelario de Madrid para clasificar todas las casas y regularizar el impuesto.

El proyecto, impulsado por el Marqués de la Ensenada, dio lugar a la llamada Planimetría General de Madrid, considerada el primer gran catastro de la ciudad.

Sobre el célebre plano de Pedro de Texeira (1656) se numeraron:

  • 557 manzanas
  • 7.049 viviendas

De cada inmueble se recogían más de veinte datos: propietario, dimensiones, estructura, calidad constructiva, inquilinos y situación fiscal. A todo este proceso se le denominó Visita General.

Carlos III y los azulejos oficiales

En 1760, Carlos III ordenó que esa numeración quedara reflejada físicamente en la ciudad.

Se colocaron azulejos cerámicos en azul cobalto indicando:

  • El número de la manzana
  • La referencia a la Visita General

Cada manzana debía llevar tantos azulejos como esquinas tuviera, y encima se indicaba el número del portal principal. Era una forma de control fiscal… y también una advertencia pública.

Un sistema caótico (y muy madrileño)

El problema fue que los números se repetían en cada manzana. Podían existir varias casas con el mismo número en distintas zonas de la ciudad.

Además, la conocida picardía madrileña hizo de las suyas:
algunos propietarios tapiaban su puerta principal y abrían otra hacia una manzana ya visitada para evitar pagar más impuestos.

El sistema se mantuvo durante casi 80 años.

La gran reforma de 1838

En 1838, el alcalde Joaquín Vizcaíno, junto al cronista Ramón de Mesonero Romanos, impulsó una reforma definitiva:

  • Numerar las casas por calles
  • Comenzar desde el punto más cercano a la Puerta del Sol
  • Números pares a la derecha
  • Números impares a la izquierda

Un sistema que, con ligeras modificaciones, seguimos utilizando hoy.

Más tarde, muchas calles adoptaron el apelativo “Nueva” para diferenciarse de otras antiguas, y finalmente se renombraron unas 240 vías con nombres de personajes ilustres y acontecimientos históricos.

Un detalle que sigue vivo

Lo fascinante es que aquellos azulejos del siglo XVIII no se retiraron. Hoy conviven con las cartelas cerámicas que indican el nombre de la calle, formando una superposición de capas históricas sobre las fachadas madrileñas.

Son pequeños vestigios que pasan desapercibidos…pero que nos recuerdan que Madrid no solo se recorre: se lee en sus muros.

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