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El Pilón de la Fortuna: Historia de una Fuente Madrileña

Un 24 de junio de 1860, los madrileños inauguraban con entusiasmo una nueva fuente en plena Puerta del Sol: la Fuente provisional de la Puerta del Sol, pronto bautizada popularmente como Fuente de la Buena Suerte. Su instalación respondía a un motivo práctico: el crecimiento de población exigía un mayor caudal de agua en la ciudad.

Todo comenzó en 1848, cuando Isabel II firmó la Real Orden que autorizaba la construcción de un canal que trajera agua del río Lozoya a Madrid. En 1851 se colocó la primera piedra de aquel canal, cuya red se extendería a lo largo de 94 kilómetros. Desde el depósito del Campo de Guardias, en la calle Santa Engracia —hoy sede del Canal de Isabel II—, se distribuía el agua por tres grandes arterias que cruzaban la ciudad.

La fuente de la Puerta del Sol fue la segunda de este ambicioso plan hidráulico. La primera fue la fuente de San Bernardo, inaugurada dos años antes, también un 24 de junio. La de la Puerta del Sol fue diseñada como fuente monumental y funcional, con un pilón de 18 metros de diámetro, un gran vaso central y dos menores que recogían el agua a través de elegantes conchas esculpidas. Su chorro central alcanzaba los 7 metros de altura.

El Ayuntamiento, aconsejado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, había valorado levantar un monumento conmemorativo por la victoria en África, pero finalmente se reforzó la base de la fuente y se añadieron farolas, manteniendo su aspecto original.

Durante los años que permaneció en la plaza, la fuente provocó opiniones encontradas. Algunos se quejaban de los olores o de que salpicaba demasiado los días de viento. Pero también se convirtió en parte de la tradición: cada noche de San Juan, a las doce, los madrileños acudían a mojarse la cara con sus aguas para atraer la buena suerte. De ahí su nombre, Fuente de la Buena Suerte

En 1875 surgieron propuestas para sustituirla: primero, por una estatua de Isabel la Católica; después, por un quiosco de cristal con servicios. En 1894 se convocó un concurso para erigir en su lugar una gran columna decorativa con iluminación superior. El proyecto, de Enrique María de Repullés, con esculturas de Agustín Querol, fue ridiculizado por su forma y nunca se materializó.

Finalmente, el 15 de enero de 1895 la fuente fue desmontada. Ocupaba espacio en una plaza ya invadida por los tranvías, y el consistorio quería acabar con las aglomeraciones y conflictos de la noche de San Juan.

En 1913 se intentó reubicarla en la Glorieta de Cuatro Caminos, pero la reconstrucción fue complicada: las piedras no estaban marcadas y hubo que reponer algunas piezas con piedra de Colmenar de Oreja. El proyecto fue abandonado por el tráfico creciente de la zona.

La fuente encontró por fin su destino definitivo en la entrada de la Casa de Campo, junto a la Puerta del Rey, frente al antiguo Palacete de los Vargas. Allí se alza hoy, como un decorado silencioso, testigo de una ciudad que cambia, pero no olvida.

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