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EL MUSEO DEL INSTITUTO SAN ISIDRO: UNA JOYA EDUCATIVA EN EL CORAZÓN DE MADRID

📍Calle Toledo, frente a la colegiata
📆 Abierto a visitas concertadas

En el Madrid más castizo, entre muros que han visto pasar más de cuatro siglos de historia, se alza el Instituto San Isidro, el centro educativo más antiguo de España con docencia ininterrumpida en secundaria. Heredero directo del Colegio Imperial fundado por los jesuitas en el siglo XVI gracias al legado de María de Austria, hija de Carlos I, la historia de sus aulas es también la historia de nuestra ciudad.

Bajo su estructura barroca se esconden secretos que no todos conocen. Su claustro, obra de Melchor Bueras —el mismo arquitecto que diseñó la Puerta de Felipe IV en el Retiro—, impresiona por la solidez del granito, la imponente águila bicéfala de los Austrias y la excelente acústica. Originalmente, llevaba grabadas las siglas JHS, eliminadas tras la expulsión de los jesuitas por Carlos III.

En el centro, un pozo que recogía el agua de lluvia; en lo alto, bóvedas de arista que hoy, tras años cerradas, se pueden volver a contemplar. Un lugar de piedra y silencio que invita al asombro.

Su capilla, decorada con frescos iniciados por Antonio Palomino (familia del mismísimo Velázquez) y finalizados por su discípulo Juan Delgado, muestra una iconografía asombrosa: desde Santa Teresa hasta una enigmática figura femenina con escudo borbónico, compás, esfera celeste y ángulo. ¿Es Palas Atenea? ¿O una alegoría de España culta y guerrera bajo Carlos III? Esta pintura fue tapada por los jesuitas a su regreso, y no fue redescubierta hasta 1985.

El museo del instituto ocupa una espléndida escalera barroca, de nuevo obra de Bueras. Allí se conservan verdaderas joyas didácticas: desde expedientes de antiguos alumnos ilustres hasta una fabulosa colección de instrumentos científicos y modelos anatómicos del siglo XIX.

Destacan los modelos botánicos en papel maché, desmontables y didácticos, diseñados por un médico francés que anticipó el plástico como herramienta educativa. Hay modelos anatómicos humanos, completos y desmontables, de 1868, que servían en las clases de medicina cuando no había cadáveres.

La sala de zoología es otro de los tesoros: animales disecados, mandíbulas, esqueletos, y dioramas donde conviven insectos y plantas autóctonas, recreando el hábitat natural. Obras de verdaderos artistas científicos que también colaboraban con el Museo de Ciencias Naturales.

El edificio también guarda la memoria de su transformación. Durante unas obras en los años 60, el alumnado fue trasladado al entonces abandonado Hospital de San Carlos —hoy Museo Reina Sofía—. Cuando regresaron, muchas de las antiguas aulas habían desaparecido para siempre.

Hoy, el Instituto San Isidro no solo es historia viva de la educación madrileña, sino también un museo fascinante donde el pasado se estudia desde las vitrinas.

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