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COMERCIO CENTENARIO: JAMONERÍA LÓPEZ PASCUAL, UN SIGLO DE SABOR EN MALASAÑA

📍Corredera Baja de San Pablo, 13

A dos pasos de la Gran Vía, entre el bullicio de teatros y locales culturales, late el corazón de un comercio centenario que ha sabido resistir el paso del tiempo sin perder su esencia: Jamonería López Pascual, en el número 13 de la Corredera Baja de San Pablo, pleno barrio de Malasaña.

Un barrio vibrante, comparado con el Camden Town de Londres o el Barrio Alto de Lisboa, donde la modernidad convive con la historia. Y entre esa historia, brilla desde hace más de 100 años una tienda dedicada al arte del jamón ibérico.

Todo comenzó en 1919, cuando Faustino López fundó un negocio familiar llamado “Los Tres Cerditos”, por una simpática pintura en el escaparate donde tres cerditos enfrentaban a un lobo. Pero lo que realmente enfrentaba aquel escaparate era al paladar exigente con la excelencia del producto.

Faustino apostó desde el principio por jamones ibéricos de bellota, seleccionados en las dehesas de Extremadura y curados en lugares de referencia como Jabugo, Cumbres Mayores o Guijuelo. Fue, lo que hoy llamaríamos, una tienda gourmet o delicatessen, adelantada a su tiempo.

Muy pronto, su proximidad al Teatro Lara atrajo a una clientela vinculada al mundo del espectáculo: Alberto Closas, Carmen Sevilla y otras figuras del cine y el teatro eran clientes habituales. Incluso se formaban pequeñas tertulias y partidas de cartas en la trastienda. El local no solo ofrecía sabor, sino también conversación.

En los años 70, un robo destrozó el escaparate y se perdió la emblemática pintura. Se reformó el local y el negocio pasó a llamarse López Pascual, en honor al hijo del fundador. Hoy, Alberto López, tercera generación al frente, mantiene el espíritu familiar y artesano que lo ha hecho destacar.

A día de hoy, López Pascual es la jamonería más antigua de Madrid, y sigue tratándose cada pieza como un tesoro: seleccionada, calada y sellada personalmente en origen. La cala, como el sommelier del vino, permite al experto detectar el punto justo de curación mediante el aroma que desprende un pequeño hueso introducido en la carne.

El corte es otra disciplina sagrada: cuchillos de alta precisión y el toque firme pero delicado del profesional, convierten cada loncha en una experiencia. Alberto conoce los secretos del jamón solo con mirar la pezuña, palpar la grasa y calibrar el tacto: es tradición empírica convertida en arte.

Además, han sabido adaptarse al siglo XXI sin perder la autenticidad: cuentan con tienda online y una cuidada selección de quesos, foie de pato y oca, aceites de oliva virgen extra, cavas, champagnes y vinos de autor.

Visitar López Pascual es viajar en el tiempo. Es oler historia, cortar cultura y degustar una parte esencial de Madrid. Si pasas por Malasaña, entra y pregunta, porque los negocios con alma, como el buen jamón, merecen tiempo, mimo… y conversación.

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