El crecimiento de Madrid en el siglo XIX estuvo marcado por la desigualdad. Mientras la burguesía y la aristocracia se asentaban en los ensanches de Chamberí y Salamanca, las clases populares se apiñaban en la periferia sur de la ciudad, en barrios de obreros y jornaleros que llegaron buscando un futuro mejor en la capital.
Uno de estos barrios fue Las Peñuelas, donde en medio de la pobreza y las duras condiciones de vida, destacó la figura de Jesús García Ricote, un maestro que dedicó su vida a la educación de los niños más desfavorecidos.

La transformación de Madrid: de la nobleza a la industria
La antigua cerca de Felipe IV fue derribada en 1868, lo que permitió la expansión de la ciudad. El Plan de Ensanche de Carlos María de Castro (1870) tenía un objetivo claro: segregar los barrios por clases sociales.
➡️ En el norte, se levantaron barrios como Chamberí o Salamanca, donde vivía la élite madrileña.
➡️ En el sur, surgieron zonas industriales con ladrilleras, papeleras, gasómetros y mataderos, donde se hacinaban miles de familias obreras en casas baratas o habitaciones alquiladas.
Los propietarios rurales, antes grandes terratenientes y miembros de la nobleza, vendieron sus tierras a una burguesía especuladora que se benefició del caciquismo y la explotación laboral.
Barrios marginales del Madrid del siglo XIX
Las Cambroneras: Situado junto a los lavaderos del río Manzanares, a la izquierda del Puente de Toledo.
Las Injurias: Ubicado en lo que hoy sería la zona de la Glorieta de Pirámides y el Paseo de Yeserías, cerca del arroyo de Embajadores. Su nombre proviene del antiguo humilladero del Cristo de las Injurias.
Las Peñuelas: Su nombre deriva de la Peñuela de Santa Isabel, un pequeño promontorio en el actual barrio de Acacias. Su arteria principal es el Paseo de la Esperanza.
Las condiciones de vida en estos barrios eran extremadamente precarias. Así lo describía Pío Baroja en La busca (1903):
«Madrid está rodeado de suburbios en donde viven peor que en el fondo de África un mundo de mendigos, miserables, gente abandonada. He visto golfos andrajosos salir gateando de las cuevas del cerrillo de San Blas y contemplar cómo devoraban gatos muertos. Y no he visto a nadie que se ocupara en serio de tanta tristeza.»


El barrio de Las Peñuelas: casas de patio y pobreza extrema
Las Peñuelas fue un barrio de viviendas de patio, donde se hacinaban obreros de la Fábrica de Papel de Santa Ana y de la Estación de Ferrocarril de Peñuelas.
Con el tiempo, el barrio recibió algunas mejoras:
En los años 30, se construyeron casas de vecindario, un dispensario antituberculoso y la escuela de Jesús García Ricote.
En 1876, gracias a la Duquesa de Bailén, se levantó la Iglesia del Purísimo Corazón de María, destruida en 1936 debido a la tensión social con la Iglesia Católica, que había estado aliada con los poderes políticos y militares.

Jesús García Ricote: el maestro de Las Peñuelas
En 1895, en la calle Labrador de Las Peñuelas, nacía Luisa Sánchez Saornil, una poetisa ultraísta y líder del movimiento Mujeres Libres, que llegó a contar con 20.000 afiliadas en 1938. En esa misma calle, Jesús García Ricote abrió su escuela, convirtiéndose en una figura clave para la educación de los niños pobres del barrio.
Un aula humilde pero llena de ilusión
Jesús García Ricote impartía clases en una pequeña habitación con paredes cubiertas de mapas y dibujos. Las familias pagaban entre 1 peseta y nada, dependiendo de su situación económica. Con esos escasos ingresos, el maestro sobrevivía y compraba materiales para sus alumnos.
📌 Las clases eran de 8:00 a 22:00.
📌 Los niños entraban por turnos, ya que el espacio era mínimo.
📌 El mobiliario consistía en tablones pegados a la pared, que servían como pupitres improvisados.
Un maestro autodidacta con un gran mentor
Jesús aprendió a leer con solo 5 años y sufrió una enfermedad degenerativa que lo dejó postrado en un sillón desde joven. A los 18 años, comenzó a dar clases por vocación, pese a sus limitaciones físicas.

En su juventud, conoció a un joven Juan Ramón Jiménez, futuro Premio Nobel de Literatura. El poeta le regaló libros, financió sus estudios y le ayudó a conseguir un medio de transporte para asistir a clases. Gracias a ello, Jesús García Ricote pudo obtener el título oficial de maestro.
Reconocimiento y ayuda social
En 1911, su labor llegó a la prensa gracias a la Junta de Socorros del periódico El Imparcial, dirigido por Eduardo Gasset. Esta institución ayudaba a personas necesitadas y ofrecía donativos de 500 pesetas.
Jesús García Ricote también obtenía financiación vendiendo textos literarios:
📌 Poemas satíricos infantiles
📌 Novelas de aventuras
📌 Cuentos cortos
📌 Novelas por entregas
Estos escritos, además de servirle como evasión, le permitieron mantener a su esposa y seis hijos.
Un legado imborrable
En 1946, tras 36 años de enseñanza, Jesús García Ricote recibió la Medalla del Trabajo de Plata de Segunda Clase, impuesta en su propio barrio. Enseñó a leer y escribir a más de 8.000 niños, dejando una huella imborrable en la historia educativa de Madrid
