Mi amiga Rosario, autora del blog Antiguos Cafés de Madrid, publicó un fascinante post sobre el «Establecimiento de Emilio González», una tienda ubicada en la Plaza de Canalejas 29 (hoy número 9). Este negocio, abierto en 1912, ofrecía lo que ahora llamaríamos «delicatessen»: chocolates, cafés, tés, caramelos y otras exquisiteces de lujo. ¿Quién podría resistirse a un lema como este? “Artículos de capricho, chocolates para convalecientes y señoras recién paridas…” ¡Una maravilla para los sentidos y la imaginación!
Pero detrás de esta historia está el nombre de Venancio Vázquez López, el visionario industrial y chocolatero gallego que revolucionó la confitería y la fabricación de galletas y chocolates en España.

De aprendiz a empresario exitoso
Nacido en Sarria (Lugo) en 1847, Venancio dejó su tierra natal a los 12 años para aprender de su tío, Matías López, una figura destacada en la industria del chocolate en Madrid. Con apenas 22 años, Venancio se estableció como fabricante de chocolates y galletas, posicionándose junto a gigantes como Matías López y la Compañía Colonial.
Sus logros empresariales incluyen la fundación de la confitería en la calle del Príncipe 1 y la inauguración en 1914 de la Fábrica La Fortuna, en Pozuelo de Alarcón, una innovadora planta con tecnología inglesa capaz de producir hasta 1.000 kg de galletas y bizcochos al día.

Lujo en cada detalle
La calidad de sus productos era inigualable, desde chocolates premiados internacionalmente (Filadelfia, París, Barcelona) hasta galletas y bizcochos con nombres que evocaban poesía: Bocado de Fama, Maravilla, Mentolina, Odalisca, Chiquitiño, Cupido. Venancio innovó incluso en el diseño de los envases, con cajetillas de «cigarrillos de chocolate», cruces, llaves y hasta retratos.
Un gallego universal
Aunque Venancio nunca emigró al extranjero, se le considera un auténtico indiano. Su “morriña” por Galicia le llevó a impulsar iniciativas como los centros gallegos en Madrid, siguiendo el modelo de Montevideo o Buenos Aires. Fue un empresario innovador y un político comprometido, llegando a ser teniente de alcalde de Madrid y diputado.
En su tierra natal, promovió la creación de una Cámara de Comercio y abogó por una línea férrea que conectara Sarria con Pontevedra. Su residencia de verano, Villa Aurelia, se convirtió en un punto de encuentro cultural en su región.

Un legado que perdura
Venancio Vázquez López falleció en 1921 en su tierra natal, dejando un legado de innovación, calidad y compromiso social. Desde su contribución al desarrollo industrial hasta su labor filantrópica, su vida es un ejemplo del potencial transformador de la visión empresarial unida al amor por la tierra y las personas.
Venancio no solo endulzó el paladar de sus contemporáneos, sino que también construyó puentes entre el pasado y el futuro, entre Galicia y Madrid, dejando huella en la historia de la industria alimentaria en España.
