Recorriendo el barrio de Carabanchel Alto, encontramos una serie de palacios que, en el siglo XIX, fueron casas de recreo de la realeza, nobleza y alta burguesía. Hoy nos acercamos al antiguo Palacio Larrinaga, también conocido como Palacio de Godoy, actualmente el Colegio Amorós.
En junio de 1834, la futura reina Isabel II y su corte ocuparon el palacio, convirtiéndolo en una residencia real temporal. Esto se debió a una recomendación de los médicos de la Casa Real, quienes consideraron el lugar idóneo para acoger a la familia real durante una epidemia de cólera en Madrid. Permanecieron en Carabanchel Alto hasta finales de mes, antes de trasladarse al Real Sitio de la Granja de San Ildefonso en Segovia.
Isabel II, primogénita del rey Fernando VII, se convirtió en reina de España gracias a la Pragmática Sanción de 1830, que derogaba la «Ley Sálica» de 1713, permitiendo a las mujeres reinar. Esta decisión de Fernando VII provocó una guerra civil entre los partidarios de Isabel II y los «carlistas», seguidores del hermano del rey, Carlos María Isidro. Durante la minoría de edad de Isabel II, su madre, María Cristina de Borbón, y posteriormente el general Baldomero Espartero, actuaron como regentes hasta que Isabel cumplió 13 años en 1843.
El enfrentamiento carlista obligó a la reina regente, María Cristina de Borbón, a buscar el apoyo de los liberales, allanando el camino hacia el liberalismo. En 1834, se promulgó el Estatuto Real en Madrid, mientras María Cristina residía en Carabanchel:
“La Reina Nuestra Señora Doña Isabel II y Su Majestad la Reina Gobernadora se han trasladado a Carabanchel, donde siguen sin novedad en su importante salud.”
El Estatuto Real otorgaba a la Corona un gran margen de actuación, con el poder ejecutivo en manos de la reina y el legislativo compartido entre la reina y las Cortes. Sin embargo, estas escasas concesiones no satisficieron las aspiraciones liberales.
Volviendo a la finca de Carabanchel Alto, en 1803, el palacio y la finca fueron comprados por la reina consorte María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV, convirtiéndose en Real Posesión por un breve tiempo antes de ser donados al primer ministro de Estado, Manuel Godoy, de ahí el nombre «Palacio de Godoy».
En este palacio se firmaron Reales Decretos, como el del 17 de junio de 1834, que nombraba a próceres del Reino en Cortes y sustituía a José de Imaz como ministro de Hacienda por José María Queipo de Llano, conde de Toreno.
El palacio fue adquirido en 1834 por el financiero Manuel Ramón de Villachica, quien lo compró en 1826 a los marqueses de Boadilla del Monte. El primer propietario fue Manuel José de Negrete y de la Torre, II conde de Campo Alange, destacado militar, político y diplomático, nombrado en 1786 Segundo Gobernador de Madrid. Su arquitecto fue Ramón Durán, discípulo de Ventura Rodríguez, el arquitecto real. La construcción se interrumpió en 1791 por falta de agua.
Durante su tiempo como Palacio de Godoy, vivieron en él la Condesa de Chinchón, su esposa, y su hija, Carlota Luisa, mientras Godoy estaba entre Aranjuez y El Escorial. Tras el «Motín de Aranjuez» de 1808, cuando Godoy cayó en desgracia y fue exiliado a Roma, la finca pasó a su hija, quien la arrendó a Francisco Garrido y Juan Andrés en 1822. En 1826, Manuel Ramón de Villachica la compró.
Villachica restauró la quinta y le devolvió su esplendor. En 1838, la traspasó al banquero y Consejero Honorario del Extinguido Supremo de Hacienda, José de Fontagud. En 1843, Pascual Madoz describió la finca como «poblada de árboles frutales, olivos, parras, con criadero de pavos reales y faisanes que dan realce a su belleza, dos palomares con inmenso número de palomas, un mirador desde el que se descubren largas distancias, una casa principal cómoda y hermosa».
En 1847, el banquero y promotor José de Salamanca adquirió el palacio. En 1869, lo vendió al financiero Manuel Matheu, quien luego lo traspasó a Mariano de Larrinaga. Larrinaga realizó importantes mejoras en el palacio y los jardines, construyendo un invernadero y revistiendo el edificio de la noria como un castillo almenado. Su viuda, Margarita de Legarda, continuó las obras. Al fallecer en 1918, la finca pasó a su hija María del Consuelo de Larrinaga, casada con el Conde de Casa Puente.
En 1941, la finca fue comprada por la Compañía de María, «los Marianistas», que la adaptaron a su nueva función educativa bajo la dirección del arquitecto municipal Luis Moya Blanco. Respetó el exterior del palacio, pero reformó su interior, añadió dos torres a los lados de la fachada principal y un ala hacia el sur. Hoy en día, el edificio sigue dedicado a la enseñanza, formando parte del actual Colegio Amorós.




