En la calle tranquila de la Luna, específicamente en el número 5 (conocido anteriormente como el número 17), entre las calles San Bernardo y Desengaño, se erige la icónica Librería Ángel Gomis. Desde su apertura en 1945, este establecimiento ha sido un verdadero tesoro literario en el corazón de Madrid. Inicialmente nombrada «Librería Celeste», en honor a sus dos entradas, por las calles de la Luna y de la Estrella, tuvo que cambiar su nombre a Librería Ángel Gomis tras una disputa con la Editorial Celeste.
La historia de la librería está intrínsecamente ligada a la familia Gomis. Los hermanos Gomis, incluidos Pepe, Paco, Ángel y Germán, tenían una vasta experiencia en el mundo de las librerías. Antes de este establecimiento, abrieron la «Librería Tesoro» en la calle San Bernardo 113, que luego se transformó en Librería Castillo bajo la dirección de Pepe Gomis. Además, Paco Gomis y su esposa Eugenia administraron los puestos 27 y 28 de la Cuesta del Moyano durante muchos años, mientras que Germán tuvo a su cargo el puesto número 19.
El local que hoy alberga la Librería Ángel Gomis tiene una historia previa como depósito y venta de materiales de construcción. Los vestigios de esta historia se pueden apreciar en los azulejos de las paredes y los diferentes tipos de suelo que aún perduran. Incluso cuenta con un sótano que, durante la Guerra Civil, sirvió como refugio para los vecinos durante los bombardeos.
Ángel Gomis, conocido cariñosamente como «librero de viejo», se destacaba por su capacidad para encontrar auténticos tesoros literarios. Recorría los puestos del Rastro y la Cuesta del Moyano en busca de libros usados y colecciones de bibliófilos. Una de las peculiaridades de la librería era su relación con la censura durante la época franquista. Como todas las librerías de la época, debía someterse a revisiones periódicas de libros considerados «peligrosos» por el régimen.
La Librería Ángel Gomis también era conocida por sus coloridos personajes y anécdotas. Uno de los clientes más memorables fue Julio Masip Acevedo, un hombre distinguido que trabajaba en el Ministerio de Asuntos Exteriores y regalaba cintas de tangos al librero. Además, la librería tenía su propio fantasma, Sr. Domínguez, quien, según la leyenda, dejaba caer libros de los estantes para hacer su presencia notar.
Cada mes de septiembre, la librería recibía una avalancha de estudiantes en busca de libros y manuales de segunda mano a precios asequibles. Ángel Gomis, siempre vestido con su característico guardapolvos y un cigarro en los labios, reparaba libros mientras disfrutaba de animadas tertulias con clientes y amigos, entre ellos destacados escritores e intelectuales.
Después del fallecimiento de Ángel Gomis en 1992, la librería cerró sus puertas, marcando el fin de una era. Sin embargo, su legado vive en la memoria de quienes alguna vez buscaron refugio entre sus estanterías llenas de historias. A pesar del cierre, la comunidad de libreros de la Cuesta del Moyano continúa luchando por preservar este emblemático rincón de Madrid y mantener viva su esencia única.



